Actos en honor de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa PDF Imprimir E-mail
milagrosa

Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa

 Del 19 al 27 de noviembre.
 12,30 h. Después de la Eucaristía de 12:00 h.
 
“Oh María sin pecado concebida,
rogad por nosotros que recurrimos a Vos”.
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 En la Rue du Bac, número 140, en pleno centro de París, en la casa madre de la Compañía de las Hijas de la Caridad, que fundaran san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac, habitaba en 1830 una novicia llamada sor Catalina Labouré, a quien la Santísima Virgen confió un mensaje salvador para todos los que con confianza y fervor lo aceptaran y practicaran. El 27 de noviembre de 1830 sor Catalina escuchó una voz en su interior que decía: «Haz que se acuñe una medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán mas abundantes para los que la lleven con confianza». Entonces se creó una forma ovalada en torno a la Virgen y en el borde interior apareció escrita la siguiente invocación: «María, sin pecado concebida, rogad por nosotros, que acudimos a vos»...
   
De esta aparición primera y otra posterior, surgió años después un movimiento mariano que hoy conocemos como la asociación de la Medalla Milagrosa. Aprobada por San Pío X en 1909, la asociación cuenta con más de seis millones de miembros en todo el mundo. Su fin es fomentar la devoción a la Virgen María, Madre de Dios, concebida sin pecado original y modelo de la Iglesia Peregrina, conscientes de que el culto a la Madre redunda en gloria y alabanza de su Hijo, el Salvador, por medio de la Medalla Milagrosa y el apostolado que se ejerce mediante la Visita Domiciliaria.
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Fines de la Asociación la Medalla Milagrosa
Fomentar la devoción a la Virgen María
El artículo tercero de los Estatutos es muy rico en contenido y muy propio de todo cristiano y en consonancia con lo que la Virgen pretendió con las aparicio­nes a Santa Catalina: Fomentar la devo­ción a la Virgen María. Fomentar es au­mentar la actividad o intensidad de la devoción, es decir, venerar; sentir, tener hacia la Virgen María sentimientos de admiración, de respeto y amor, particu­larmente rendir culto interior o exterior a la Virgen María.
En el mismo artículo se indican las razo­nes de fomentar la devoción a la Virgen:
  • Porque es la Madre de Dios.
  • Porque fue concebida sin pecado origi­nal.
  • Porque es modelo de la Iglesia peregri­na, como diciendo, que los fieles cris­tianos, miembros de la Iglesia, siguen caminando hasta conseguir la plenitud de la gloria eterna. María peregrinó mientras vivió hasta el momento de su glorificación. En este sentido, María es modelo de la Iglesia y de todos sus miembros que caminan hacia la meta final, donde sentirán el gozo de la glo­ria eterna. (PABLO VI, El culto maria­no, n. 37)
Los miembros de la Asociación deben te­ner clara conciencia que todo lo que di­cen y hacen, como tales, tiene, como úni­ca referencia, la gloria y alabanza de Je­sús. La devoción a la Virgen María no tie­ne sentido si no va referida a un mayor conocimiento, amor e imitación de Jesucristo. Dios Padre adornó a la Virgen de tan hermosas prerrogativas, así también todos los amantes de la Virgen no pue­den apartar sus ojos del que es el único Salvador y Redentor del mundo, Jesucris­to nuestro Señor, nacido de una mujer, para liberarnos, según san Pablo, del pe­cado y recibir la adopción divina. (Gála­tas 4, 5)
 
La Medalla Milagrosa, modelo de santificación y de apostolado.
La verdadera historia del cristiano es la historia de su santidad y la historia de su compromiso con los demás, es decir, su apostolado. Una de las ideas “ma­dres” del Concilio Vaticano II, es la lla­mada a la santidad de todos los bauti­zados que serán, mediante su vida san­ta, la historia de la Iglesia: En la Iglesia, todos, están llamados a la santidad, se­gún aquello del Apóstol: Esta es la vo­luntad de Dios, vuestra santificación. Esta santidad de la Iglesia se manifiesta y debe expresarse en los frutos de gra­cia que el Espíritu Santo produce en los fieles. Aparece de manera multiforme en cada uno de los que, con edificación de los demás, se acercan a la perfec­ción de la caridad en su propio género de vida… (VATICANO II, Constitución sobre la Iglesia, n. 39). El canon 210 re­coge muy bien las enseñanzas y direc­trices de la Iglesia desde su origen has­ta hoy: Todos los fieles deben esforzar­se, según su propia condición, por lle­var una vida santa, así como incrementa, la Iglesia y promover su continua santificación.
 
La santidad tiene como elemento negati­vo la ausencia de todo pecado que la Medalla Milagrosa nos presenta en la Inscripción de anverso: ¡Oh María sin pe­cado concebida… !. En su aspecto positi­vo, la santidad consiste en la unión en to­do a la voluntad de Dios. Esta unión pro­duce la caridad, que nos incita a orar, a sufrir por amor de Dios y la capacidad de luchar incesantemente contra que es pe­cado. Saber amar, orar, sufrir, combatir al Recado es el secreto de la santidad.
En la Medalla descubrimos el amor mutuo de Jesús y de María. En el re­verso de la misma se muestra los dos corazones, el de Jesús y el de María.
 
La Medalla nos invita a orar. En ella, no solamente tenemos la breve jacula­toria de “¡Oh María sin pecado conce­bida, rogad por nosotros que recurri­mos a Vos!”, sino que la historia de la Medalla recuerda la actitud orante de María, cuando ofrece al Padre y pide por el mundo entero y por cada uno de nosotros.
 
Nos invita a aceptar el dolor, la enfer­medad, lo que nos es adverso, para testimoniar mediante el dolor nuestro amor. La Medalla nos incita a sufrir mostrándonos los dos corazones su­frientes. El de Jesús y el de María. El uno coronado de espinas y el otro atravesado por una espada.
 
En fin, la Medalla nos incita a comba­tir el mal representado por la serpiente. María pisa con su pie la cabeza de la serpiente.
 
y sistemática para la promoción y el servicio en el mundo de la caridad, de la cultura, y de la justicia y así reivindi­car la dignidad de la persona humana, imagen de Dios y sacramento de Jesús, intentando de este modo proyectar nuestra fe bautismal.
 
La formación de los miembros de la Aso­ciación de la Medalla Milagrosa abarca distintos campos:
 
El campo espiritual para crecer en la vida teologal. Para conseguir la forma­ción espiritual viva se requiere seguir Sólida formación cristiana y mariana
 
Sería un error, considerar a la Asociación de la Medalla Milagrosa sólo como ex­presión de la devoción a la Virgen, si no se la considera como medio de apostola­do. El Concilio Vaticano dice que la Vir­gen que ya asunta al cielo, sigue cuidan­do de los hermanos de su Hijo que pere­grinos se hallan en peligros y angustias hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por eso María es invoca­da como Abogada, Auxiliadora, Socorro y Mediadora (VATICANO II, Constitución sobre la Iglesia, n. 39) título este que, sin duda, hace referencia a la Medalla Mila­grosa, cuyo significado principal es el de Mediadora de todas las gracias.
 
Para llevar a cabo el variado apostolado que inspira la Medalla Milagrosa, hay que tener una sólida formación cristiana en general y en algunos temas de mane­ra especial. El número quinto de los Esta­tutos señala otro fin de la Asociación de la Medalla Milagrosa: La formación cris­tiana de sus miembros para propagar la doctrina de la Iglesia en el ambiente fa­miliar y social, buscando el deber e imi­tando a María como modelo de vida cris­tiana.
 
Hay que dar razón de nuestra esperanza dijo san Pedro (1 Pedro 3, 15). Los miem­bros de la Asociación deben dar respuesta convincente a los muchos problemas que plantea el mundo de hoy.
El Congreso Mariano Nacional aprobó la siguiente proposición: Dentro de una sociedad de cambios, rápidos y profun­dos, las Celadoras de la Asociación así como los miembros de la misma deben comprometerse a la formación perma­nente el ritmo espiritual de la Iglesia y, si hay oportunidad para ello, la lectura de li­bros que versen sobre temas espiritua­les y la meditación continua y honda de la Palabra de Dios.
 
El campo doctrinal de la Iglesia. La la­bor doctrinal de la Iglesia en general y de las particulares es inmensa. El Papa, las Congregaciones romanas, las Con­ferencias episcopales procuran de me­dios suficientes para que los fieles cris­tianos estén al día y bien informados sobre las cuestiones que atañen a la Iglesia y al mundo en su cariz teológi­co y moral. La Congregación romana para la doctrina y la fe decía: Para que los laicos puedan realizar activamente la noble tarea de hacer reconocer y es­timar los valores humanos y cristianos, no bastan las exhortaciones, sino que es necesario ofrecerles la debida for­mación de la conciencia social, espe­cialmente la doctrina social de la Igle­sia, la cual contiene principios de refle­xión, criterios de juicio y directrices prácticas. (CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE; Instrucción sobre la libertad cristiana y la liberación. n. 72)
 
Espiritualidad Vicenciana
La nota o cualidad vicenciana de la Aso­ciación obliga a ésta a formarse en el ca­risma vicenciano que tiene, a mi modo de ver, dos vertientes y que, según el ca­pítulo sexto debe lograr alcanzar todo miembro de la Asociación de la Medalla Milagrosa:
  • la del espíritu
  • y la del apostolado
La espiritualidad que san Vicente ofre­ce a sus seguidores consiste en la reve­rencia y adoración del Padre, ser imita­dores de Jesucristo y dóciles al Espíritu Santo. Esta visión teológico de la Santísima Trinidad lleva consigo tres virtu­des fundamentales: la sencillez o amor a la verdad; la humildad o dependencia de Dios y la caridad con variables ros­tros: la compasión, la misericordia y la eficacia.
 
Por lo que se refiere a la vertiente apos­tólica, la predilección por los pobres, sa­cramento de Cristo, su evangelización y servicio. La misión de todo Vicenciano es plasmar, no sólo la figura del buen Samaritano, sino también lo que el mis­mo Jesús manifestó como los hechos que indicaban que el Salvador había ya llegado (Lc. 4, 18-19; 11, 4; Mt. 11, 4) o en la proclamación de las Bienaventu­ranzas (Mt. 5, 3-12) o en los criterios con los que juzgará Dios a las naciones (Mt. 25, 34-46).
 
El número de pobres, según los informes, es cada día creciente. La pobreza va ad­quiriendo mil rostros nuevos. El II Con­greso Mariano Nacional dedujo esta con­clusión a que la mayoría de las limosnas, de las donaciones que puede recibir, se­rán canalizadas para paliar las carencias de los necesitados que genera esta socie­dad sin distinción de raza, sexo, ideolo­gía o religión, así como en su promoción. (II CONGRESO MARIANO NACIONAL, Pág. 229)
 
La Asociación de la Medalla Milagrosa pertenece a la gran Familia Vicenciana y no puede hablarse de Familia Vicencia­na sin tener presente el carisma Vicen­ciano de evangelización y de servicio a los pobres.
 
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Virgen de la Medalla Milagrosa
Aparición de la Virgen María a Santa Catalina Laboure, el 27 de noviembre del 1830 y la medalla milagrosa.
 
La tarde el 27 de Nov. de 1830, sábado víspera del primer domingo de Adviento, en la capilla, estaba Sor Catalina haciendo su meditación, cuando le pareció oír el roce de un traje de seda que le hace recordar la aparición anterior.
 
Aparece la Virgen Santísima, vestida de blanco con mangas largas y túnica cerrada hasta el cuello. Cubría su cabeza un velo blanco que sin ocultar su figura caía por ambos lados hasta los pies. Cuando quiso describir su rostro solo acertó a decir que era la Virgen María en su mayor belleza.
 
Sus pies posaban sobre un globo blanco, del que únicamente se veía la parte superior, y aplastaban una serpiente verde con pintas amarillas. Sus manos elevadas a la altura del corazón sostenían otro globo pequeño de oro, coronado por una crucecita.
 
La Stma. Virgen mantenía una actitud suplicante, como ofreciendo el globo. A veces miraba al cielo y a veces a la tierra. De pronto sus dedos se llenaron de anillos adornados con piedras preciosas que brillaban y derramaban su luz en todas direcciones, circundándola en este momento de tal claridad, que no era posible verla.
 
Tenia tres anillos en cada dedo; el mas grueso junto a la mano; uno de tamaño mediano en el medio, y no mas pequeño, en la extremidad. De las piedras preciosas de los anillos salían los rayos, que se alargaban hacia abajo; llenaban toda la parte baja.
 
Mientras Sor Catalina contemplaba a la Virgen, ella la miró y dijo a su corazón:
 
Este globo que ves (a los pies de la Virgen) representa al mundo entero, especialmente Francia y a cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden.
 
Con estas palabras La Virgen se da a conocer como la mediadora de las gracias que nos vienen de Jesucristo.
 
El globo de oro (la riqueza de gracias) se desvaneció de entre las manos de la Virgen. Sus brazos se extendieron abiertos, mientras los rayos de luz seguían cayendo sobre el globo blanco de sus pies.
 
La Medalla Milagrosa:
En este momento se apareció una forma ovalada en torno a la Virgen y en el borde interior apareció escrita la siguiente invocación: "María sin pecado concebida, ruega por nosotros, que acudimos a ti"
 
Estas palabras formaban un semicírculo que comenzaba a la altura de la mano derecha, pasaba por encima de la cabeza de la Santísima Virgen, terminando a la altura de la mano izquierda .
 
Oyó de nuevo la voz en su interior: "Haz que se acuñe una medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán mas abundantes para los que la lleven con confianza".
 
La aparición, entonces, dio media vuelta y quedo formado en el mismo lugar el reverso de la medalla.
 
En el aparecía una M, sobre la cual había una cruz descansando sobre una barra, la cual atravesaba la letra hasta un tercio de su altura, y debajo los corazones de Jesús y de María, de los cuales el primero estaba circundado de una corona de espinas, y el segundo traspasado por una espada. En torno había doce estrellas.
 
La misma aparición se repitió, con las mismas circunstancias, hacia el fin de diciembre de 1830 y a principios de enero de 1831. La Virgen dijo a Catalina: "En adelante, ya no veras , hija mía; pero oirás mi voz en la oración".
 
Un día que Sor Catalina estaba inquieta por no saber que inscripción poner en el reverso de la medalla, durante la oración, la Virgen le dijo: "La M y los dos corazones son bastante elocuentes".
Símbolos de la Medalla y mensaje espiritual:
 
En el Anverso:
-María aplastando la cabeza de la serpiente que esta sobre el mundo. Ella, la Inmaculada, tiene todo poder en virtud de su gracia para triunfar sobre Satanás.
-El color de su vestuario y las doce estrellas sobre su cabeza: la mujer del Apocalipsis, vestida del sol.
-Sus manos extendidas, transmitiendo rayos de gracia, señal de su misión de madre y mediadora de las gracias que derrama sobre el mundo y a quienes pidan.
-Jaculatoria: dogma de la Inmaculada Concepción (antes de la definición dogmática de 1854). Misión de intercesión, confiar y recurrir a la Madre.
-El globo bajo sus pies: Reina del cielos y tierra.
-El globo en sus manos: el mundo ofrecido a Jesús por sus manos.
 
En el reverso:
-La cruz: el misterio de redención- precio que pagó Cristo. obediencia, sacrificio, entrega
-La M: símbolo de María y de su maternidad espiritual.
-La barra: es una letra del alfabeto griego, "yota" o I, que es monograma del nombre, Jesús.
Agrupados ellos: La Madre de Jesucristo Crucificado, el Salvador.
-Las doce estrellas: signo de la Iglesia que Cristo funda sobre los apóstoles y que nace en el Calvario de su corazón traspasado.
-Los dos corazones: la corredención. Unidad indisoluble. Futura devoción a los dos y su reinado.
 
Nombre:
La Medalla se llamaba originalmente: "de la Inmaculada Concepción", pero al expandirse la devoción y haber tantos milagros concedidos a través de ella, se le llamó popularmente "La Medalla Milagrosa".
 

Triduo en honor de la Virgen de la Medalla Milagrosa
Por la señal de la Santa Cruz, etc.

Acto de contrición.

 
Oración para todos los días:
Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos! ¡Dulcísima Reina de los cielos y de la tierra!; que por amor a los hombres te dignastes a manifestarte, a vuestra sierva Sor Catalina, con las manos llenas de rayos de luz; a fìn de hacer saber al mundo que deseas derramar abundantes gracias sobre todos los que con confianza te piden; Concèdeme Madre mía, que a imitación de Sor Catalina derrames en mi alma la luz necesaria para conocer mi nada y mi miseria; y lo mucho que debo a mi Padre Dios, por tantísimos beneficios, como me ha dispensado; y que cumpliendo su voluntad en esta vida; pueda gozarle en Tu compañía eternamente en el cielo. Amén.
 
Tres Ave Marías, y 3 veces la jaculatoria “Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos”.
 
Primer Día:
Amorosísima Madre mía!, que placer tiene mi alma, cuando considero que tantos deseos tienes en concederme vuestros favores; que no esperas otra cosa, sino que acuda a Tì, para remediar nuestros males y llenarnos de vuestras gracias y dones.
Oh María, mi Madre amada, reina de la Corte Celestial, te ruego que todos acudamos siempre a Tì, como nuestra única esperanza.
 
Oración Final:
Acuérdate, ¡Oh piadosísima Siempre Virgen María!, que no se ha oído decir jamás; que ninguno de los que han recurrido a vuestra protección, e implorado vuestro socorro, haya sido abandonado de Tì. Animado con esta confianza, ¡Oh Virgen de las Vírgenes!, a Tì vengo; gimiendo bajo el peso de mis pecados, me postro a Tus pies.
¡Oh Madre del Divino Verbo!, no desprecies mis súplicas; antes bien, escúchalas favorablemente, y dignate acogerlas. Amén.
 
Tres veces la jaculatoria: “Oh María sin pecado original concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos”.
 
Segundo Día:
¡Santísima Madre de Dios!, ¡Señora nuestra y mi tierna Madre!; que consuelo tan grande siente mi corazón, cuando contempla Tu imagen, como te viò Sor Catalina, con un globo en vuestras Divinas Manos, que representaba toda la tierra, y lo estrechabas sobre vuestro pecho; simbolizando así el amor que tienes a los hombres. Concèdeme, ¡oh Divina Madre Eterna! ¡Oh Madre mía!, el que sepamos corresponder a tanto amor, procurando imitar vuestras virtudes. Así sea.
 
Continúe con la oración final.
 
Tercer Día:
Virgen Inmaculada!. ¡Celestial Madre mía! Con que placer llego ante Tu Santísimo Altar; para contemplar Tus virtudes y exponer mis penas. Que aliento santo cobra mi espíritu, al acercarme ante Tu Sagrada Imagen; donde veo representada la más profunda humildad; una modestia admirable y el resto de todas las perfecciones con que el Señor Dios te adornó.
Haz ¡Madre Santísima!, ¡Divina y Celestial Señora! ¡Reina del Clero, de los apóstoles! ¡Madre del Mecías! ¡Hija predilecta de Dios Padre! Que oigamos siempre Tus maternales avisos, para que arrepentidos de nuestras culpas, e imitando vuestras virtudes; logremos la inmensa dicha de estar contigo en el cielo, por toda la eternidad. Así sea.
 
Continúe con la oración final.

Fuente: www.corazones.org

 

Fotos de la parroquia

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