Marta.María

16º domingo de Tiempo Ordinario- C- Reflexión

  
 
Marta.María 
Nos encontramos ya en el corazón del verano. En este tiempo, están cerrados los colegios y se concentra el mayor período de vacaciones. También se reducen las actividades pastorales de las parroquias. Es, por tanto, un momento favorable para dar el primer lugar a lo que es efectivamente más importante en la vida, es decir, la escucha de la Palabra del Señor. Nos lo recuerda también el Evangelio de este domingo, con el célebre episodio de la visita de Jesús a la casa de Marta y María, narrado por san Lucas.

…. Parece que estamos viendo la escena: una hermana se mueve ajetreada, y la otra queda como arrobada por la presencia del Maestro y por sus palabras. Después de un rato, Marta, evidentemente resentida, no aguanta más y protesta, sintiendo que además tiene el derecho de criticar a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude». ¡Marta querría incluso dar lecciones al Maestro! Sin embargo, Jesús, con gran calma, responde: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será quitada» (10, 41-42).
 

 

  
La palabra de Cristo es clarísima: no desprecia la vida activa, y mucho menos la generosa hospitalidad; pero recuerda el hecho de que la única cosa verdaderamente necesaria es otra: escuchar la Palabra del Señor; ¡y el Señor en ese momento está allí, presente en la Persona de Jesús! Todo lo demás pasará y se nos quitará, pero la Palabra de Dios es eterna y da sentido a nuestra acción cotidiana.

El Evangelio de este domingo es particularmente adecuado para el tiempo de vacaciones, pues recuerda el hecho de que la persona humana ciertamente tiene que trabajar, empeñarse en las ocupaciones domésticas y profesionales, pero tiene necesidad ante todo de Dios, que es luz interior de Amor y de Verdad.
 
Sin amor, incluso las actividades más importantes pierden su valor, y no dan alegría. Sin un significado profundo, todo nuestro actuar se reduce a activismo estéril y desordenado. Y, ¿quién nos da el Amor y la Verdad, sino es Jesucristo? Aprendamos, por tanto, hermanos, a ayudarnos los unos a los otros, a colaborar, pero antes incluso a escoger juntos la mejor parte, que es y será siempre nuestro bien más grande.
 
Siguiendo el Evangelio de hoy, invito a todos a ser bien conscientes de que sólo una cosa es necesaria, Dios mismo, así como a escuchar y practicar la palabra del Señor, para que se fortalezca nuestra esperanza y crezca nuestro amor. 
 
Benedicto XVI
Ángelus(18 de julio de 2010)
Fuente: vatican.va
 
Publicado en Lectio Divina.

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