Nueva encíclica del Papa Francisco «Sobre el cuidado de la casa común», PDF Imprimir E-mail

cuidado creación
Laudato Si
 
El Papa Francisco acaba de regalarnos una preciosa encíclica. En ella muestra su admiración por la obra de Dios y nos invita a asumir nuestra responsabilidad en el cuidado de la misma. El título de la encíclica “Laudato si” (Alabado seas), tomado del Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís, es una invitación a volver la mirada y el corazón al Creador para descubrir su presencia amorosa en la creación y en las maravillas de la naturaleza.
 
A lo largo de las páginas de la encíclica, el Santo Padre, teniendo en cuenta las enseñanzas de la Sagrada Escritura y el testimonio de sus predecesores, nos traslada su preocupación por la falta de respeto a la naturaleza y por la excesiva explotación de la misma. Detrás de estas actuaciones, está el olvido del mandato de Dios al hombre y a la mujer en el momento de la creación y el desprecio de las reflexiones de los expertos sobre las consecuencias funestas, para el presente y el futuro de la humanidad, de un mal uso del planeta y de una explotación abusiva de la naturaleza. 
 
El proyecto de Dios sobre el hombre y la creación, que se concreta en el cuidado y la custodia de la tierra, no es tenido en cuenta en nuestros días. Los intereses económicos de cada país prevalecen sobre el bien común de sus habitantes. Como consecuencia de este abuso egoísta de la naturaleza en provecho propio, el ser humano ha dejado de asumir su responsabilidad en el desarrollo de la creación y en la transformación de la misma para que sea un lugar habitable, un jardín para beneficio de todos los hombres.
 
En el trasfondo de estos comportamientos está el olvido por parte de bastantes hombres y mujeres, especialmente de quienes tienen responsabilidades en el gobierno de las naciones, del mandato de Dios de custodiar la naturaleza y de cuidar de las demás criaturas que habitan la faz de la tierra, pensando ingenuamente que este mandato no afecta a los tiempos actuales, a los hombres y mujeres de hoy. Sin embargo, la Palabra de Dios, que es viva y eficaz, sigue recordándonos a todos que no somos simples beneficiarios de la creación, sino custodios de la misma y de todas las criaturas.
 
La indiferencia religiosa y el alejamiento de Dios tienen mucho que ver con el abuso de la naturaleza y con la utilización egoísta de la misma. El ser humano, cuando se aleja de Dios y de sus enseñanzas, pierde paulatinamente la capacidad de descubrir sus signos y su presencia en las personas y en la creación. Como nos decía el Papa emérito, si nos alejamos del Creador, ya no conseguimos “leer en la naturaleza el ritmo de la historia de amor de Dios con nosotros”.
 
Por lo tanto, para cuidar y custodiar el medio ambiente, necesitamos redescubrir el amor de Dios y acoger sus enseñanzas. Si lo hacemos, estaremos en condiciones de asumir nuestra responsabilidad en las relaciones con nuestros semejantes y con la naturaleza. Cuando escuchamos la voz de Dios, descubrimos que no sólo estamos llamados a cuidar la fragilidad de los hermanos, sino también la fragilidad del mundo creado para que cumpla el fin para el que fue creado. La escucha de la voz que Dios nos dirige desde la naturaleza y desde el sufrimiento de tantos hermanos, nos ayudará a superar los comportamientos de destrucción y de muerte a nuestro paso por este mundo.
 Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.
 
Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara
Fuente:ecclesia.com
 
* * * 
Síntesis del contenido y estructura de la Encíclica ‘Laudato Si’:

 «¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?» (n. 160). Esta pregunta está en el centro de Laudato si’, la segunda Encíclica del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común, publicada esta mañana en el Aula Nueva del Sínodo del Vaticano.

 
El Santo Padre afirma que: «Esta pregunta no afecta sólo al ambiente de manera aislada, porque no se puede plantear la cuestión de modo fragmentario», sino que nos conduce a interrogarnos sobre el sentido de la existencia y el valor de la vida social: «¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué vinimos a esta vida? ¿para qué trabajamos y luchamos? ¿para qué nos necesita esta tierra?». «Si no nos planteamos estas preguntas de fondo –afirma el Pontífice – «no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan obtener resultados importantes». El título del documento se inspira en la invocación de San Francisco de Asís en el “Cántico de las creaturas”, y recuerda que la tierra, nuestra casa común, «es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos» (n. 1).
 
 
No a la Cultura del descarte
 
Pero hoy, constatamos que esta tierra maltratada y saqueada clama (n. 2) y sus gemidos se unen a los de todos los abandonados del mundo, a los descartados por la sociedad. En este sentido, el Papa Francisco invita a escucharlos, llamando a todos y cada uno a una “conversión ecológica”, según expresión de San Juan Pablo II, es decir, a «cambiar de ruta», asumiendo la urgencia y la hermosura del desafío que se nos presenta ante el «cuidado de la casa común». Al mismo tiempo, el Papa Francisco reconoce que «se advierte una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza, y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestro planeta» (n. 19), permitiendo una mirada de esperanza que atraviesa toda la Encíclica y envía a todos un mensaje claro y esperanzado: «La humanidad tiene aún la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común» (n. 13), fomentando la cultura del encuentro y de la solidaridad.
 
 
El cuidado de la Creación tarea de todos
 
El Papa Francisco se dirige, claro está, a los fieles católicos, retomando las palabras de San Juan Pablo II: «los cristianos, en particular, descubren que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la naturaleza y el Creador, forman parte de su fe» (n. 64), pero se propone «especialmente entrar en diálogo con todos sobre nuestra casa común» (n. 3): el diálogo aparece en todo el texto, y en el capítulo 5 se vuelve instrumento para afrontar y resolver los problemas. Desde el principio el Santo Padre recuerda que también «otras Iglesias y Comunidades cristianas – como también otras religiones – han desarrollado una profunda preocupación y una valiosa reflexión» sobre el tema de la ecología (n. 7). En varios momentos, el Pontífice agradece a los protagonistas de este esfuerzo – tanto individuos como asociaciones o instituciones –, reconociendo que «la reflexión de innumerables científicos, filósofos, teólogos y organizaciones sociales ha enriquecido el pensamiento de la Iglesia sobre estas cuestiones» (n. 7) e invita a todos a reconocer «la riqueza que las religiones pueden ofrecer para una ecología integral y para el desarrollo pleno del género humano» (n. 62).
 
 
Estructura de la Encíclica
 
La estructura del documento se encuentra trazado en el n. 15 y se desarrolla en seis capítulos. A partir de la escucha de la situación a partir de los mejores conocimientos científicos disponibles hoy (cap. 1), recurre a la luz de la Biblia y la tradición judeo-cristiana (cap. 2), detectando las raíces del problema (cap. 3) en la tecnocracia y el excesivo repliegue autorreferencial del ser humano. La propuesta de la Encíclica (cap. 4) es la de una «ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales» (137), inseparablemente vinculadas con la situación ambiental.
 
 
En esta perspectiva, el Papa Francisco propone (cap. 5) emprender un diálogo honesto a todos los niveles de la vida social, que facilite procesos de decisión transparentes. Y recuerda (cap. 6) que ningún proyecto puede ser eficaz si no está animado por una conciencia formada y responsable, sugiriendo principios para crecer en esta dirección a nivel educativo, espiritual, eclesial, político y teológico. El texto termina con dos oraciones, una que se ofrece para ser compartida con todos los que creen en «un Dios creador omnipotente» (n. 246), y la otra propuesta a quienes profesan la fe en Jesucristo, rimada con el estribillo «Laudato si’», que abre y cierra la Encíclica.
 
 
Ejes temáticos
 
El texto está compuesto por algunos ejes temáticos, vistos desde variadas perspectivas, que le dan una fuerte coherencia interna: «la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.» (n. 16).
 
 
Clave de lectura
 
Los recientes acontecimientos en relación a la publicación de la Encíclica han generado diversas expectativas, sobre todo en relación a los aspectos relacionados con las políticas ambientales actualmente en discusión. Ciertamente, la Encíclica del Papa Francisco podrá y tendrá un impacto sobre las importantes y urgentes decisiones en este ámbito. Pero no se debe dejar en segundo lugar la naturaleza “magisterial, pastoral y espiritual” del documento, cuya amplitud, profundidad y mensaje no pueden reducirse al aspecto de las determinaciones de las políticas ambientales. Por todo ello, es importante ‘situar’ la Encíclica en su propio contexto, es decir, en el de la realidad de la fe, y como nos recuerda el libro del Génesis: Dios creador pone al hombre como custodio de la creación, con la tarea de conservar y renovar la casa común.
 
 
Fuente: Radio Vaticano
 
(Renato Martinez)
 
 

 

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