19 de marzo: Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María

Misas en nuestra parroquia:  12:00 h. y 19:30 h.

El jueves 19 de marzo es la solemnidad de san José, el esposo de la Virgen María, el padre adoptivo y custodio de Jesús, el patrono universal de la Iglesia. Ante esta celebración y puesto que es día laborable, el obispo diocesano ha firmado un decreto por el que dispensa de las obligaciones de participar en la misa y de abstenerse de trabajar, de acuerdo con el canon 1247 del Código de Derecho Canónico.

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El  19 de marzo, celebramos la fiesta solemne de san José, esposo de María y patrono de la Iglesia universal. Dedicamos, por lo tanto, esta catequesis a él, que se merece todo nuestro reconocimiento y nuestra devoción por el modo en que supo custodiar a la Virgen Santa y al Hijo Jesús. Ser custodio es la característica de san José: es su gran misión, ser custodio.

Hoy quisiera retomar el tema de la custodia según una perspectiva especial: la dimensión educativa. Miremos a José como el modelo del educador, que custodia y acompaña a Jesús en su camino de crecimiento «en sabiduría, edad y gracia», como dice el Evangelio. Él no era el padre de Jesús: el padre de Jesús era Dios, pero él hacía de papá de Jesús, hacía de padre de Jesús para ayudarle a crecer. ¿Cómo le ayudó a crecer? En sabiduría, edad y gracia.

Partamos de la edad, que es la dimensión más natural, el crecimiento físico y psicológico. José, junto con María, se ocupó de Jesús ante todo desde este punto de vista, es decir, lo «crio», preocupándose de que no le faltase lo necesario para un desarrollo sano. No olvidemos que la custodia atenta de la vida del Niño comportó también el exilio en Egipto, la dura experiencia de vivir como refugiados —José fue un refugiado, con María y Jesús— para escapar de la amenaza de Herodes. Después, una vez que volvieron a su patria y se establecieron en Nazaret, está todo el largo periodo de la vida de Jesús en su familia. En esos años José enseñó a Jesús incluso su trabajo, y Jesús aprendió a ser carpintero con su padre José. Así, José ayudó a crecer a Jesús.

Pasemos a la segunda dimensión de la educación: la «sabiduría».

José fue para Jesús ejemplo y maestro de esta sabiduría, que se alimenta de la Palabra de Dios. Podemos pensar en cómo José educó al pequeño Jesús en la escucha de las Sagradas Escrituras, sobre todo acompañándolo el sábado a la sinagoga de Nazaret. Y José lo acompañaba para que Jesús escuchase la Palabra de Dios en la sinagoga.

Y, por último, la dimensión de la «gracia». Dice san Lucas refiriéndose a Jesús: «La gracia de Dios estaba con Él» (2, 40). Aquí ciertamente la parte reservada a san José es más limitada respecto a los ámbitos de la edad y de la sabiduría. Pero sería un grave error pensar que un padre y una madre no pueden hacer nada para educar a los hijos en el crecimiento en la gracia de Dios. Crecer en edad, crecer en sabiduría, crecer en gracia: éste es el trabajo que hizo José con Jesús, ayudarle a crecer en estas tres dimensiones, ayudarle a crecer.

Queridos hermanos y hermanas, la misión de san José es ciertamente única e irrepetible, porque absolutamente único es Jesús. Y, sin embargo, al custodiar a Jesús, educándolo en el crecimiento en edad, sabiduría y gracia, él es modelo para todo educador, en especial para todo padre. San José es el modelo del educador y del papá, del padre. Encomiendo, por lo tanto, a su protección a todos los padres, a los sacerdotes —que son padres—, y a quienes tienen una tarea educativa en la Iglesia y en la sociedad. De modo especial, quiero saludar hoy, día del padre, a todos los padres, a todos los papás: os saludo de corazón. Veamos: ¿hay algunos padres en la plaza? ¡Levanten la mano los papás! ¡Pero cuántos papás! ¡Felicidades, felicidades en vuestro día! Pido para vosotros la gracia de estar siempre muy cerca de vuestros hijos, ayudándoles a crecer, pero cercanos, cercanos. Ellos necesitan de vosotros, de vuestra presencia, de vuestra cercanía, de vuestro amor. Sed para ellos como san José: custodios de su crecimiento en edad, sabiduría y gracia. Custodios de su camino; educadores, y caminad con ellos. Y con esta cercanía seréis auténticos educadores. Gracias por todo lo que hacéis por vuestros hijos: gracias. A vosotros, muchas felicidades y feliz fiesta del padre a todos los papás que están aquí, a todos los padres. Que san José os bendiga y os acompañe. Y algunos de nosotros hemos perdido al papá, se marchó, el Señor lo llamó; muchos de los que están en la plaza no tienen papá. Podemos rezar por todos los padres del mundo, por los papás vivos y también por los difuntos y por los nuestros, y podemos hacerlo juntos, cada uno recordando a su padre, si está vivo o si está muerto. Y recemos al gran Papá de todos nosotros, el Padre. Un «Padrenuestro» por nuestros padres: Padrenuestro…

¡Y muchas felicidades a los papás!

Santo Padre Francisco
Catequesis, 19 de marzo de 2014
Fuente: vatican.va

Tiempo de Cuaresma

«La Cuaresma es el conjunto de cuarenta días simbólicos de retiro cristiano como preparación pascual. Responde al misterio de la estancia de Jesús en el desierto para verificar su vocación mesiánica. Es para toda la Iglesia tiempo intenso de preparación de catecúmenos que desean ser bautizados en Pascua, de arrepentimiento de penitentes que piden ser perdonados de sus faltas y de retiro de fíeles para profundizar su vida evangélica y comunitaria mediante una adecuada catequesis».

«El itinerario cuaresmal es un tiempo particularmente apto para despertar en nosotros el sentido de la vida cristiana concebida «como una peregrinación hacia la casa del Padre, del cual se descubre cada día su amor incondicionado por toda criatura humana y, en particular, por el hijo pródigo» .

Para entrar en la casa del Padre hay que franquear un umbral, símbolo del paso desde el mundo herido por el pecado al mundo de la vida nueva al que todos los hombres son llamados. He aquí por qué la Cuaresma se inicia con la imposición de las cenizas y la invitación «convertíos, y creed en el evangelio» (Mc 1, 15). Con estas palabras, Jesús comenzó su misión en la tierra para reconciliar a los hombres con el Padre.
 
UN PROGRAMA CLÁSICO Y ACTUAL
Clásicamente, las «prácticas cuaresmales» se han formulado según el triple programa que nos ofrece Jesús en el evangelio: la limosna, la oración y el ayuno. Es un programa que puede parecer anticuado, pero que siempre nos resulta concreto y actual.
 
La limosna es la apertura a los demás; puede concretarse en una ayuda económica a los más pobres, pero también se tiene que conocer en la caridad fraterna, la comprensión, la amabilidad, el perdón, empezando por la propia familia o comunidad.
 
La oración es la apertura a Dios, y tiene que traducirse en una escucha más atenta de su Palabra, en una oración personal y familiar más cuidada, y en la participación más activa y frecuente en la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación. Tenemos que hacer sitio a Dios en nuestra vida.
 
El ayuno significa autocontrol, renuncia a tantas cosas superfluas a que nos invita la sociedad de consumo en la que vivimos. Saber decir «no» a los valores secundarios, para que nuestro ánimo esté más dispuesto a acoger los principales.
 
Las tres direcciones resumen toda nuestra existencia: de cara a nosotros mismos, nos controlamos más; de cara a Dios, nos abrimos a él y le tenemos más en cuenta en nuestro programa de vida; de cara a los demás, nos comprometemos más en la caridad fraterna. Cada uno debería pensar en qué aspectos concretos de las tres direcciones necesita mejorar en la Cuaresma-Pascua de este año…

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Documento de la Santa Sede sobre enterramientos y cremaciones

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE Instrucción Ad resurgendum cum Christo acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación  1. Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo, es necesario «dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor»(2 Co 5, 8). Con la […]

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papa francisco

¡Feliz y Santa Pascua!

«Christus surrexit, venite et videte!» Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz Pascua! El anuncio del ángel a las mujeres resuena en la Iglesia esparcida por todo el mundo: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado… Vengan a ver el lugar donde estaba » (Mt 28,5-6). ¡No […]

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CristoResucitado en S.Nicolás

Carta de nuestro obispo, D. Atilano Rodriguez

¡Cristo vive!   El encuentro del apóstol San Pablo con Cristo en el camino de Damasco marca un antes y un después en su vida. A partir de su relación íntima con el Señor, el apóstol de los gentiles cambia la orientación de su camino y se convierte en predicador incansable del Resucitado y en […]

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V.Soledad procesión

Abrámonos a la novedad que Dios nos trae

Un Dios que pasa…sin pasar de nosotros   Casi sin ser notados, sin poder pausarlos ni anticiparlos, están para llegar los días más cristianos del año. Pasan los días y las cosas… y pasa lo que pasa llenándonos de oscuras sombras o de luz luminosa. En esta aventura de vivir, nos encontramos ya a las […]

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Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

«Al tercer día resucitó según las Escrituras.»     En el Credo repetimos esta expresión: «Al tercer día resucitó según las Escrituras.» Es «precisamente el evento que estamos celebrando: la Resurrección de Jesús, el centro del mensaje cristiano, que resonó desde el principio y ha sido transmitió para llegara hasta nosotros. San Pablo escribe a […]

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Sábado Santo

La noche de la Luz     En el Evangelio de esta noche luminosa de la Vigilia Pascual, encontramos primero a las mujeres que van al sepulcro de Jesús, con aromas para ungir su cuerpo (Cfr. Lc 24, 1-3). Van para hacer un gesto de compasión, de afecto, de amor; un gesto tradicional hacia un […]

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Tengo algo que decirte

¿Me permites un momento?   Querido joven:   Te deseo gracia y paz.   Perdona mi atrevimiento. No nos conocemos personalmente y es posible que no tengas acceso habitual a esta publicación semanal. Tal vez no frecuentas mucho la iglesia. Pero creo que así como siempre hay “almas generosas” que nos comunican malas noticias o […]

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¿Cuál es nuestro sentido de pertenencia a la Iglesia?     El cristiano no es un bautizado que recibe el bautismo y luego va adelante por su camino. El primer fruto del bautismo es hacernos miembros de la Iglesia, miembros del Pueblo  de Dios. No se entiende a un cristiano sin Iglesia. Y por esto […]

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