Semana Santa 2026 – horarios de cultos y actos en San Nicolás el Real y en El Carmen

Cultos en San Nicolás el Real

 Lunes Santo, 30 de marzo:
19:30 h. Santa Misa.

21.00 h. Procesión en honor a Nuestra Madre María Santísima de la Misericordia.

Martes Santo,31 de marzo: 

19:30 h. Misa por los difuntos de la Hermandad Nuestra Señora de la Soledad. Posterior besamanos y jura de nuevos hermanos.

Jueves Santo, 2 de abril:
11:30 h. “A los pies de la Virgen” Se mostrará el paso de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad, en su interior. Cómo se monta, cómo se carga.

17:30 h. Misa de la Cena del Señor.

19:30 h. Procesión de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno con su Imagen titular y la imagen de María Santísima de la Misericordia.

23:00 h. Hora Santa.

Viernes Santo, 3 de abril:
11:30 h. Vía Crucis y Sermón de la Soledad.

13:00 h. Encuentro de Nuestra Señora, la Virgen de la Soledad con el Santísimo Cristo del Amor y de la Paz (en la plaza del Jardinillo.

17:30 h. Acción Litúrgica de la Pasión del Señor.

19:45 h. Procesión de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Soledad con su imagen titular, desde la iglesia de San Nicolás para unirse a las 20:45 h. a la procesión del Silencio.

Sábado Santo, 4 de abril:
21:00 h. Vigilia de la Pascua de Resurrección del Señor.

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Cultos en el Carmen

Domingo de Ramos, 29 de marzo:

10:00h. Bendición de ramos y Eucaristía.

Jueves Santo, 2 de abril:
18:00 h. Misa de la Cena del Señor y procesión al Monumento.

22:00 h. Hora Santa.

Viernes Santo, 3 de abril:
8:00 h. Laudes
11:00 h. Viacrucis.

18:00 h. Acción Litúrgica de la Pasión del Señor.

Sábado Santo, 4 de abril:
21:00 h. Vigilia de la Pascua de Resurrección del Señor.

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EN ESTE ENLACE PUEDE CONSULTAR EL PROGRAMA DE SEMANA SANTA EN GUADALAJARA COMPLETO

Santo Triduo Pascual

El Jueves Santo. En la tarde, con la Santa Misa “en la Cena del Señor” iniciará el Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, que es el culmen de todo el año litúrgico y también el culmen de nuestra vida cristiana.

El Triduo se abre con la conmemoración de la Última Cena. Jesús, en la vigilia de su pasión, ofreció al Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las formas del pan y del vino y, donándolos como alimento a los apóstoles, les ordenó que perpetuaran la ofrenda en su memoria. El Evangelio de esta celebración, recordando el lavatorio de los pies, expresa el mismo significado de la Eucaristía bajo otra perspectiva. Jesús – como un siervo – lava los pies de Simón Pedro y de los otros once discípulos (cfr. Jn 13,4-5).

Con este gesto profético, Él expresa el sentido de su vida y de su pasión, como servicio a Dios y a los hermanos: “Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Mc 10,45). 

Esto sucedió también en nuestro Bautismo, cuando la gracia de Dios nos ha lavado del pecado y nos hemos revestido de Cristo (cfr. Col 3,10). Esto sucede cada vez que realizamos el memorial del Señor en la Eucaristía: hacemos comunión con Cristo Siervo para obedecer a su mandamiento, aquel de amarnos como Él nos ha amado (cfr. Jn 13,34; 15,12). Si nos acercamos a la Santa Comunión sin estar sinceramente dispuestos a lavarnos los pies los unos a los otros, no reconocemos el Cuerpo del Señor. Es el servicio de Jesús donándose a sí mismo, totalmente.

Después, en la liturgia del Viernes Santo, meditamos el misterio de la muerte de Cristo y adoramos la Cruz. En los últimos instantes de vida, antes de entregar el espíritu al Padre, Jesús dijo: “Todo se ha cumplido” (Jn 19,30). ¿Qué significa esta palabra, que Jesús diga: “Todo se ha cumplido”? Significa que la obra de la salvación está cumplida, que todas las Escrituras encuentran su pleno cumplimiento en el amor de Cristo, Cordero inmolado. Jesús, con su Sacrificio, ha transformado la más grande iniquidad en el más grande amor.

A lo largo de los siglos encontramos hombres y mujeres que con el testimonio de su existencia reflejan un rayo de este amor perfecto, pleno, incontaminado. Me gusta recordar un heroico testigo de nuestros días, Don Andrea Santoro, sacerdote de la diócesis de Roma y misionero en Turquía. Unos días antes de ser asesinado en Trebisonda, escribía: “Estoy aquí para habitar en medio de esta gente y permitir hacerlo a Jesús, prestándole mi carne… Nos hacemos capaces de salvación sólo ofreciendo la propia carne. El mal del mundo hay que llevarlo y el dolor hay que compartirlo, absorbiéndolo en la propia carne hasta el final, como lo hizo Jesús”. (A. Polselli, Don Andrea Santoro, las herencias, Città Nuova, Roma 2008, p. 31). Que este ejemplo de un hombre de nuestros tiempos, y tantos otros, nos sostengan en el ofrecer nuestra vida como don de amor a los hermanos, a imitación de Jesús. Y también hoy hay tantos hombres y mujeres, verdaderos mártires que ofrecen su vida con Jesús para confesar la fe, solamente por aquel motivo. Es un servicio, servicio del testimonio cristiano hasta la sangre, servicio que nos ha hecho Cristo: nos ha redimido hasta el final. ¡Y es éste el significado de aquella frase “Todo se ha cumplido”!

Qué bello será que todos nosotros, al final de nuestra vida, con nuestros errores, nuestros pecados, también con nuestras buenas obras, con nuestro amor al prójimo, podamos decir al Padre como Jesús: ¡“Todo se ha cumplido”! Pero no con la perfección con la que lo dijo Jesús sino decir: “Señor, he hecho todo lo que podía hacer”. ¡“Todo se ha cumplido”! Adorando la Cruz, mirando a Jesús, pensemos en el amor, en el servicio, en nuestra vida, en los mártires cristianos. Y también nos hará bien pensar en el fin de nuestra vida. Ninguno de nosotros sabe cuándo sucederá esto, pero podemos pedir la gracia de poder decir: “Padre, he hecho todo lo que podía hacer”. ¡“Todo se ha cumplido”!

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