«El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros»(Jn 1,14)

¿Celebro la Navidad con el sentido de saber y sentir a Dios-con-nosotros?
¿Siento en mi vida la presencia de Jesús?
Por lo tanto, la Navidad revela el inmenso amor de Dios por la humanidad. De ahí deriva también el entusiasmo, la esperanza de nosotros los cristianos, que en nuestra pobreza sabemos que somos amados, visitados, acompañados por Dios; y miramos al mundo y la historia como el lugar donde caminar con Él y entre nosotros, hacia los cielos nuevos y la tierra nueva. Con el nacimiento de Jesús, ha nacido una promesa nueva, ha nacido un mundo nuevo, y también un mundo que siempre puede ser renovado. Dios está siempre presente para suscitar hombres nuevos, para purificar el mundo del pecado que lo envejece, del pecado que lo corrompe. Por cuanto la historia humana y la de cada uno de nosotros pueda estar marcada por las dificultades y debilidades, la fe en la Encarnación nos dice que Dios es solidario con el hombre y su historia. ¡Esta cercanía de Dios al hombre, a cada uno de nosotros es un don que nunca tiene ocaso! ¡Él está con nosotros. Él es Dios-con nosotros! Y esta proximidad nunca tiene ocaso Aquí está la buena noticia de la Navidad: la luz divina que llenó los corazones de la Virgen María y de San José, y guio los pasos de los pastores y los magos, brilla para nosotros hoy…