4º adviento

Cuarto domingo de Adviento. Ciclo C

4º adviento

 
 
«¡Feliz la que ha creído!» (Lc 1, 45).
 
 
Hoy es el cuarto domingo de Adviento, y la liturgia, con las palabras de Isabel, nos invita a contemplar a la Madre de los creyentes para aprender a acoger y a donar a Jesús.
 
 
Así en esta semana que falta para la Navidad se nos invita de modo especial a acudir a la escuela de María para reconocer al Verbo hecho carne y acogerlo con alegría. Para que la espera sea intensa y provechosa, la Virgen del Magníficat nos sugiere que alimentemos nuestra fe con la palabra del Señor; entonces comprenderemos las maravillas que Dios realiza en quien lo busca con corazón sincero y puro.
 
 
María es feliz precisamente porque, al escuchar la palabra del Señor, reconoció y acogió sin reservas al Hijo de Dios en su corazón, antes aún que en su seno virginal.
 
 
La visita de María a Isabel, de la que habla hoy el evangelio de san Lucas, recuerda que la fe impulsa al creyente a llevar a Jesús a sus hermanos. Nos ayuda a comprender los prodigios que pueden realizar los cristianos: llevando al Señor pueden contagiar de alegría al mundo. En efecto, ¡en cuántas situaciones de tristeza, injusticia, violencia y soledad los fieles, con su presencia, pueden brindar consuelo y esperanza a todos! …
 

 

 
 
En estos días se piensa en los regalos de Navidad: el regalo es un signo alegre del amor. Al seguir esa tradición navideña, el cristiano no debe olvidar a los que sufren indigencia y que tal vez no viven lejos de su casa. Los regalos a los amigos y a los seres queridos no han de ser nunca una ofensa a los pobres y a los que padecen necesidad.
 
 
La Virgen santísima nos enseña, sobre todo, que el Señor, siendo rico se hizo pobre por amor, y nos pide a cada uno de sus discípulos que nosotros mismos nos convirtamos en regalo para nuestros hermanos.
 
 
(…) A los niños del mundo entero deseo que la Navidad ya cercana les ayude a derramar a manos llenas la alegría encendida por el Niño divino en su corazón que espera. Entonces será una celebración del nacimiento del Señor realmente rica de frutos espirituales para las familias y para todos.
 
 
Papa Juan Pablo II
 
Ángelus, 18de diciembre de 1994
 
Fuente: vatican.va

 

 
Publicado en Lectio Divina.

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