Jornada de Infancia Misionera – Domingo, 18 de enero de 2026

El domingo 18 llega la Infancia Misionera con el lema «Tu vida, una misión». La Infancia Misionera es un proyecto nacido hace ya más de un siglo, proponiendo la idea feliz que proclama su claro y potente título: ‘Los niños ayudan a los niños’. Las delegaciones diocesanas de misiones promueven la jornada en colegios, parroquias y familias con las orientaciones y materiales que proporciona Obras Misionales Pontificias, como la hucha del compartir, el concurso de dibujo y otras más.

EN ESTE ENLACE PUEDES VER EL VÍDEO Y OTROS MATERIALES PARA PREPARAR LA JORNADA

Eucaristía Familias – 2º domingo Tiempo Ordinario A- Jornada y colecta Infancia Misionera

Monición de entrada: Bienvenidos todos a esta Eucaristía. Hoy, la Jornada de la Infancia Misionera nos recuerda que cada uno de nosotros, desde el bautismo, tiene una vocación única: «Tu vida, una misión».
En este día rezamos por los niños de todo el mundo y por los misioneros que anuncian el amor de Jesús en lugares lejanos. Y también le pedimos al Señor que nos ayude a vivir nuestra misión aquí, en nuestra familia, en la escuela, en la parroquia, con gestos sencillos de ayuda, alegría y generosidad.

1ª Lectura: (Is. 49,3.5-6) El gran profeta Isaías había anunciado un Salvador no sólo para Israel, sino para todos los pueblos.

Salmo 39«Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad»

2ª Lectura: (1 Cor 1,1-3) S. Pablo desea que reine entre todos nosotros la paz.

Evangelio: (Jn 1,29-34)  Juan el Bautista señala a Jesús como el Cordero de Dios. Los primeros discípulos descubren que seguir a Jesús da sentido a su vida. También nosotros, si escuchamos su llamada, encontraremos nuestra misión.

Preces:

1.- Por la Iglesia, para que viva siempre con alegría su vocación misionera y sepa anunciar a todos que la vida es un regalo y una misión. Roguemos al Señor.

2.- Por el Papa, los obispos, los sacerdotes, religiosos y misioneros, para que, con la fuerza del Espíritu Santo, sigan entregando su vida al servicio del Evangelio. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los niños del mundo, especialmente los que viven en lugares de misión, para que nunca les falte cariño, alimento, educación y esperanza. Roguemos al Señor.

 4.- Por nuestras familias, para que en ellas aprendamos a identificar nuestros dones y a ponerlos al servicio de los demás con alegría. Roguemos al Señor.

5.- Por nuestra comunidad parroquial, para que seamos capaces de vivir nuestra misión aquí y ahora. Roguemos al Señor.

6.- Por nosotros mismos, para que descubramos que Dios nos llama por nuestro nombre y nos envía a ser testigos de su amor en todo momento. Roguemos al Señor.

Invitación a comulgar: Venid y comed todos: este es el cuerpo de Cristo, sacrificado en la cruz y resucitado por el Padre Es la sangre de Cristo, derramada en la cruz y glorificada por el Padre.

Despedida: En esta Jornada de la Infancia Misionera hemos descubierto que nuestra vida, desde el bautismo, es una misión. No hace falta esperar a ser mayores ni hacer cosas extraordinarias: la misión comienza con pequeños gestos de amistad, perdón y servicio.

 

Aquí puedes descargar la hoja para 2º Domingo T.O.-A- Jornada Infancia Misionera –

Eucaristía Familias

2º Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

En el centro del Evangelio de hoy (Juan 1, 29-34) está la palabra de Juan Bautista: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (v. 29). Una palabra acompañada por la mirada y el gesto de la mano que le señalan a Él, Jesús. Imaginamos la escena. Estamos en la orilla del río Jordán. Juan está bautizando; hay mucha gente, hombres y mujeres de distintas edades, venidos allí, al río, para recibir el bautismo de las manos de ese hombre que a muchos les recordaba a Elías, el gran profeta que nueve siglos antes había purificado a los israelitas de la idolatría y les había reconducido a la verdadera fe en el Dios de la alianza, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob.
 
Juan predica que el Reino de los cielos está cerca, que el Mesías va a manifestarse y es necesario prepararse, convertirse y comportarse con justicia; e inicia a bautizar en el Jordán para dar al pueblo un medio concreto de penitencia (cf Mateo 3, 1-6). Esta gente venía para arrepentirse de sus pecados, para hacer penitencia, para comenzar de nuevo la vida. Él sabe, Juan sabe, que el Mesías, el Consagrado del Señor ya está cerca, y el signo para reconocerlo será que sobre Él se posará el Espíritu Santo; de hecho Él llevará el verdadero bautismo, el bautismo en el Espíritu Santo (cf Juan 1, 33) .
 
Y el momento llega: Jesús se presenta en la orilla del río, en medio de la gente, de los pecadores —como todos nosotros—. Es su primer acto público, la primera cosa que hace cuando deja la casa de Nazaret, a los treinta años: baja a Judea, va al Jordán y se hace bautizar por Juan. Sabemos qué sucede —lo hemos celebrado el domingo pasado—: sobre Jesús baja el Espíritu Santo en forma de paloma y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (cf Mateo 3, 16-17). Es el signo que Juan esperaba. ¡Es Él! Jesús es el Mesías. Juan está desconcertado, porque se ha manifestado de una forma impensable: en medio de los pecadores, bautizado como ellos, es más, por ellos. Pero el Espíritu ilumina a Juan y le hace entender que así se cumple la justicia de Dios, se cumple su diseño de salvación: Jesús es el Mesías, el Rey de Israel, pero no con el poder de este mundo, sino como Cordero de Dios, que toma consigo y quita el pecado del mundo.
 
Así Juan lo indica a la gente y a sus discípulos. Porque Juan tenía un numeroso círculo de discípulos, que lo habían elegido como guía espiritual, y precisamente algunos de ellos se convertirán en los primeros discípulos de Jesús. Conocemos bien sus nombres: Simón, llamado después Pedro, su hermano Andrés, Santiago y su hermano Juan. Todos pescadores, todos galileos como Jesús.
 
Queridos hermanos y hermanas: ¿Por qué nos hemos detenido mucho en esta escena? ¡Porque es decisiva! No es una anécdota, es un hecho histórico decisivo. Es decisiva por nuestra fe; es decisiva también por la misión de la Iglesia. La Iglesia, en todos los tiempos, está llamada a hacer lo que hizo Juan el Bautista, indicar a Jesús a la gente diciendo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Él es un el único Salvador, Él es el Señor, humilde, en medio de los pecadores. Pero es Él. Él, no es otro poderoso que viene. No, no. Él.
 
Y estas son las palabras que nosotros sacerdotes repetimos cada día, durante la misa, cuando presentamos al pueblo el pan y el vino convertidos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Este gesto litúrgico representa toda la misión de la Iglesia, la cual no se anuncia a sí misma. Ay, ay cuando la Iglesia se anuncia a sí misma. Pierde la brújula, no sabe dónde va. La Iglesia anuncia a Cristo; no se lleva a sí misma, lleva a Cristo. Porque es Él y solo Él quien salva a su pueblo del pecado, lo libera y lo guía a la tierra de la vida y de la libertad.
La Virgen María, Madre del Cordero de Dios, nos ayude a creer en Él y a seguirlo.
 Santo Padre Francisco Ángelus, 15 de enero de 2017 Fuente: vatican.va

Nos encontramos todos los domingos para celebrar la Eucaristía de las Familias

Nos reunimos los domingo para celebrar la Eucaristía de las Familias, a las 13,00 h. 

Os animamos a venir en familia y  participar leyendo, cantando (podéis participar más activamente en el coro con vuestra voz o con algún instrumento !!!) o ayudando como monaguillos (los que ya han hecho la Primera Comunión).

¡¡  Jesús te espera, no faltes !!    

Solemnidad de Santiago el Mayor, Apóstol, Patrono de España

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Dispensa de las obligaciones religiosas

El obispo diocesano, monseñor Ruiz Martorell, dispensa en la diócesis, por este año, de las obligaciones que deben observar los fieles en la solemnidad de Santiago Apóstol, 25 de julio, al ser día laborable. La dispensa se refiere tanto al precepto de participar en la santa misa, como al de abstenerse de aquellos trabajos y actividades que determina el canon 1247 del Código de Derecho Canónico.    

Este día las misas en nuestra parroquia serán a las 12,00 h. y  a las 19,30 h.

En la iglesia de El Carmen, a las 10,00 h.

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Las listas bíblicas de los Doce mencionan dos personas con el nombre de Santiago: Santiago, el hijo de Zebedeo, y Santiago, el hijo de Alfeo (cf. Mc 3, 17-18; Mt 10, 2-3), que por lo general se distinguen con los apelativos de Santiago el Mayor y Santiago el Menor. Ciertamente, estas designaciones no pretenden medir su santidad, sino sólo constatar la diversa importancia que reciben en los escritos del Nuevo Testamento y, en particular, en el marco de la vida terrena de Jesús. Hoy dedicamos nuestra atención al primero de estos dos personajes homónimos.

El nombre Santiago es la traducción de Iákobos, trasliteración griega del nombre del célebre patriarca Jacob. El apóstol así llamado es hermano de Juan, y en las listas a las que nos hemos referido ocupa el segundo lugar inmediatamente después de Pedro, como en el evangelio según san Marcos (cf. Mc 3, 17), o el tercer lugar después de Pedro y Andrés en los evangelios según san Mateo (cf. Mt 10, 2) y san Lucas (cf. Lc 6, 14), mientras que en los Hechos de los Apóstoles es mencionado después de Pedro y Juan (cf. Hch 1, 13). Este Santiago, juntamente con Pedro y Juan, pertenece al grupo de los tres discípulos privilegiados que fueron admitidos por Jesús a los momentos importantes de su vida.

Santiago pudo participar, juntamente con Pedro y Juan, en el momento de la agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní y en el acontecimiento de la Transfiguración de Jesús. Se trata, por tanto, de situaciones muy diversas entre sí: en un caso, Santiago, con los otros dos Apóstoles, experimenta la gloria del Señor, lo ve conversando con Moisés y Elías, y ve cómo se trasluce el esplendor divino en Jesús; en el otro, se encuentra ante el sufrimiento y la humillación, ve con sus propios ojos cómo el Hijo de Dios se humilla haciéndose obediente hasta la muerte…

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