Cuarto Domingo de Cuaresma – Ciclo A – Eucaristía de Familias

   

 Monición de entrada:  Bienvenidos todos a esta Eucaristía. Jesucristo, el Hijo de Dios, ha venido a la tierra para ser luz del mundo. Jesús es el fuego, la lumbre que da LUZ Y CALOR y lo convierte todo. Quien cree en él no caminará en tinieblas, sino que poseerá la luz de la vida. 

1ª Lectura: (1 Samuel 16, 1.6-7.10-13a) En esta lectura que vamos a escuchar nos presenta al pueblo de Israel, instalado ya en la tierra prometida, que recibe de Dios un rey para que lo conduzca.

2ª Lectura: (Efesios 5,8-14) Escuchemos ahora una llamada a vivir de acuerdo con la luz que hemos recibido de Jesucristo.

Evangelio: (Jn. 9,1-49) Ahora en el evangelio vamos a escuchar cómo Jesús se acerca a un ciego y lo cura. Al ciego le dio la Luz y todo cambió.  El fuego amoroso del corazón de Jesús nos transforma. Es como, cuando calentamos  el maíz y se convierte en palomitas; vaya cambio!!

Oración universal: Oremos con un solo corazón, con una sola voz al Señor, Dios todopoderoso, nuestro padre. Digámosle: Señor, tú que brillas en las tinieblas, danos tu luz.

1. Ilumina al Papa, a los obispos, a los sacerdotes, religiosos y catequistas, para que sean luz y guías de los demás cristianos. Señor, tú que brillas en las tinieblas, danos tu luz. 

2. Danos a Jesucristo, tu Hijo, para que sea la luz de todos los hombres. Señor, tú que brillas en las tinieblas, danos tu luz.

3. Ilumina el corazón de aquellos que no tienen visión porque son ciegos. Señor, tú que brillas en las tinieblas, danos tu luz.

4. Haz que amemos la paz y trabajemos por ella. Señor, tú que brillas en las tinieblas, danos tu luz.

 Invitación a comulgar: Jesús, tú eres la luz y la vida de los hombres. Haz que nosotros nos acerquemos a ti para tomar tu cuerpo y tu sangre.

Despedida: Jesús es la luz del mundo. Él ilumina las tinieblas de la humanidad. Si nosotros despertamos de nuestro sueño, Cristo será nuestra luz.

AQUÍ PUEDES DESCARGAR LA HOJA PARA EL 4º domingo Cuaresma. A. Eucaristía Familias-Luz del Mundo

Cuarto Domingo de Cuaresma – Ciclo A – Domingo Laetare

El Evangelio de este domingo, nos presenta el episodio del hombre ciego de nacimiento, a quien Jesús dona la vista. El largo relato- ¡es largo!- inicia con un ciego que comienza a ver y concluye -esto es curioso- con los presuntos videntes que continúan permaneciendo ciegos en el alma. El milagro es narrado por Juan en apenas dos versículos, porque el evangelista quiere atraer la atención no sobre el milagro en sí, sino sobre aquello que ocurre después, sobre las discusiones que origina. También sobre las habladurías, ¿no? Tantas veces una buena acción, una obra de caridad origina habladurías, discusiones porque hay algunos que no quieren ver la verdad. El evangelista Juan quiere atraer la atención sobre esto que también ocurre en nuestros días, cuando se cumple una acción buena. El ciego curado es en primer lugar interrogado por la multitud sorprendida- han visto el milagro y lo interrogan; luego por los doctores de la ley; y éstos interrogan también a sus padres. Al final el ciego curado llega a la fe, y ésta es la gracia más grande que le viene dada por Jesús: no sólo poder ver, sino conocer a Él, ver a Él, como «la luz del mundo» (Jn 9,5).

 Mientras el ciego se acerca gradualmente a la luz, los doctores de la ley al contrario se hunden cada vez más en su ceguera interior. Encerrados en su presunción, creen tener ya la luz; por esto no se abren a la verdad de Jesús. Ellos hacen todo lo posible por negar la evidencia. Ponen en duda la identidad del hombre curado; después niegan la acción de Dios en la curación, tomando como pretexto que Dios no obra el sábado; llegan incluso a dudar que aquel hombre hubiese nacido ciego. Su cerrazón a la luz se vuelve agresiva y desemboca en la expulsión del hombre curado del templo. Expulsado del templo.

El camino del ciego en cambio es un camino por etapas, que parte del conocimiento del nombre de Jesús. No conoce a otro que a Él; de hecho dice: « Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos» (v. 11). Como consecuencia de las insistentes preguntas de los doctores, primero lo considera un profeta (v. 17) y después un hombre cercano a Dios (v. 31). Luego que ha sido alejado del templo, excluido de la sociedad, Jesús lo vuelve a encontrar y le “abre los ojos” por segunda vez, revelándole la propia identidad: «Yo soy el Mesías», le dice. A este punto aquel que había sido ciego exclama: «¡Creo, Señor!» (v. 38), y se inclina ante Jesús . Este es un relato del Evangelio que hace ver el drama de la ceguera interior de tanta gente: también nuestra gente ¿eh?, porque nosotros tenemos, algunas veces, momentos de ceguera interior.
 Nuestra vida, a veces, es parecida a aquella del ciego que se ha abierto a la luz, que se ha abierto a Dios y a la gracia. A veces, lamentablemente, es un poco como aquella de los doctores de la ley: desde lo alto de nuestro orgullo juzgamos a los demás, y ¡hasta al Señor! Hoy estamos invitados a abrirnos a la luz de Cristo para llevar fruto a nuestra vida, para eliminar los comportamientos que no son cristianos: todos somos cristianos, pero todos nosotros, todos ¿eh?, tenemos algunas veces comportamientos no cristianos; comportamientos que son pecados ¿no? Y debemos arrepentirnos de esto y eliminar este comportamiento para caminar decididamente sobre el camino de la santidad, que tiene su inicio en el Bautismo, y en el Bautismo hemos sido iluminados, para que, como nos recuerda san Pablo, podamos comportarnos como «hijos de la luz» (Ef 5,8), con humildad, paciencia, misericordia. Estos doctores de la ley no tenían ni humildad ni paciencia ni misericordia.
 
Hoy les sugiero, cuando regresen a casa, que tomen el Evangelio de Juan y lean aquel pasaje del capítulo 9: y esto les hará bien, porque así verán este camino de la ceguera a la luz y aquel otro camino malo hacia una ceguera más profunda. Y preguntémonos: ¿cómo es nuestro corazón? ¿cómo es mi corazón?, ¿cómo es tu corazón? ¿Cómo es nuestro corazón? ¿Tengo un corazón abierto o cerrado hacia el prójimo? Tenemos siempre en nosotros alguna cerrazón nacida del pecado, nacida de los errores: no tengamos miedo, ¡no tengamos miedo! Abrámonos a la luz del Señor: Él nos espera siempre. Él nos espera siempre. Para hacernos ver mejor. Para darnos más luz, para perdonarnos. No se olviden de esto: Él nos espera siempre.
 
Confiemos a la Virgen María el camino cuaresmal, para que también nosotros, como el ciego curado, podamos con la gracia de Cristo “venir a la luz”, ir más adelante en la luz y renacer a la vida nueva.
 Santo Padre Francisco
Ángelus. Domingo 30 de marzo de 2014
Fuente: vatican.va

19 de marzo: Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María

El jueves 19 de marzo es la solemnidad de san José, el esposo de la Virgen María, el padre adoptivo y custodio de Jesús, el patrono universal de la Iglesia. Ante esta celebración y puesto que es día laborable, el obispo diocesano ha firmado un decreto por el que dispensa de las obligaciones de participar en la misa y de abstenerse de trabajar, de acuerdo con el canon 1247 del Código de Derecho Canónico.

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El  19 de marzo, celebramos la fiesta solemne de san José, esposo de María y patrono de la Iglesia universal. Dedicamos, por lo tanto, esta catequesis a él, que se merece todo nuestro reconocimiento y nuestra devoción por el modo en que supo custodiar a la Virgen Santa y al Hijo Jesús. Ser custodio es la característica de san José: es su gran misión, ser custodio.

Hoy quisiera retomar el tema de la custodia según una perspectiva especial: la dimensión educativa. Miremos a José como el modelo del educador, que custodia y acompaña a Jesús en su camino de crecimiento «en sabiduría, edad y gracia», como dice el Evangelio. Él no era el padre de Jesús: el padre de Jesús era Dios, pero él hacía de papá de Jesús, hacía de padre de Jesús para ayudarle a crecer. ¿Cómo le ayudó a crecer? En sabiduría, edad y gracia.

Partamos de la edad, que es la dimensión más natural, el crecimiento físico y psicológico. José, junto con María, se ocupó de Jesús ante todo desde este punto de vista, es decir, lo «crio», preocupándose de que no le faltase lo necesario para un desarrollo sano. No olvidemos que la custodia atenta de la vida del Niño comportó también el exilio en Egipto, la dura experiencia de vivir como refugiados —José fue un refugiado, con María y Jesús— para escapar de la amenaza de Herodes. Después, una vez que volvieron a su patria y se establecieron en Nazaret, está todo el largo periodo de la vida de Jesús en su familia. En esos años José enseñó a Jesús incluso su trabajo, y Jesús aprendió a ser carpintero con su padre José. Así, José ayudó a crecer a Jesús.

Pasemos a la segunda dimensión de la educación: la «sabiduría»… 
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Tercer domingo de Cuaresma – Ciclo A – Eucaristía de Familias

  Monición de entrada:  En el camino de Cuaresma hacia la Pascua, descubrimos que Dios es la única fuente de AGUA VIVA que nos da la vida, nos purifica y nos sacia. Fuera de Él nos fabricamos vasijas agrietadas. Primera lectura (Éxodo 17,3-7) Salmo 94: «Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: ‘No endurezcáis vuestro corazón’». Segunda […]

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Tercer domingo de Cuaresma Ciclo A

El diálogo entre Jesús y la mujer samaritana, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro, desde los primeros siglos de la historia de la Iglesia, iluminan el camino de quienes, en Pascua, recibirán el Bautismo e iniciarán una vida nueva. Estas grandes páginas del Evangelio, que comenzamos a leer desde este […]

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Tiempo de Cuaresma

«La Cuaresma es el conjunto de cuarenta días simbólicos de retiro cristiano como preparación pascual. Responde al misterio de la estancia de Jesús en el desierto para verificar su vocación mesiánica. Es para toda la Iglesia tiempo intenso de preparación de catecúmenos que desean ser bautizados en Pascua, de arrepentimiento de penitentes que piden ser perdonados de sus faltas y de retiro de fíeles para profundizar su vida evangélica y comunitaria mediante una adecuada catequesis».

«El itinerario cuaresmal es un tiempo particularmente apto para despertar en nosotros el sentido de la vida cristiana concebida «como una peregrinación hacia la casa del Padre, del cual se descubre cada día su amor incondicionado por toda criatura humana y, en particular, por el hijo pródigo» .

Para entrar en la casa del Padre hay que franquear un umbral, símbolo del paso desde el mundo herido por el pecado al mundo de la vida nueva al que todos los hombres son llamados. He aquí por qué la Cuaresma se inicia con la imposición de las cenizas y la invitación «convertíos, y creed en el evangelio» (Mc 1, 15). Con estas palabras, Jesús comenzó su misión en la tierra para reconciliar a los hombres con el Padre.
 
UN PROGRAMA CLÁSICO Y ACTUAL
Clásicamente, las «prácticas cuaresmales» se han formulado según el triple programa que nos ofrece Jesús en el evangelio: la limosna, la oración y el ayuno. Es un programa que puede parecer anticuado, pero que siempre nos resulta concreto y actual.
 
La limosna es la apertura a los demás; puede concretarse en una ayuda económica a los más pobres, pero también se tiene que conocer en la caridad fraterna, la comprensión, la amabilidad, el perdón, empezando por la propia familia o comunidad.
 
La oración es la apertura a Dios, y tiene que traducirse en una escucha más atenta de su Palabra, en una oración personal y familiar más cuidada, y en la participación más activa y frecuente en la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación. Tenemos que hacer sitio a Dios en nuestra vida.
 
El ayuno significa autocontrol, renuncia a tantas cosas superfluas a que nos invita la sociedad de consumo en la que vivimos. Saber decir «no» a los valores secundarios, para que nuestro ánimo esté más dispuesto a acoger los principales.
 
Las tres direcciones resumen toda nuestra existencia: de cara a nosotros mismos, nos controlamos más; de cara a Dios, nos abrimos a él y le tenemos más en cuenta en nuestro programa de vida; de cara a los demás, nos comprometemos más en la caridad fraterna. Cada uno debería pensar en qué aspectos concretos de las tres direcciones necesita mejorar en la Cuaresma-Pascua de este año…

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Transfiguracion1

Segundo Domingo de Cuaresma – Ciclo A

El Evangelio de la liturgia de hoy compone para todos nosotros un icono lleno de luz, narrando la Transfiguración del Señor (cf. Mt 17,1-9). Para representarlo, el evangelista sumerge su pluma en la memoria de los apóstoles, pintando a Cristo entre Moisés y Elías. El Verbo hecho hombre se encuentra entre la Ley y la Profecía; él […]

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desierto

Primer domingo de Cuaresma- Ciclo A

Hoy, primer domingo de Cuaresma, el Evangelio nos habla de Jesús que, guiado por el Espíritu, va al desierto y es tentado por el diablo (cf. Mt 4,1-11). Después de ayunar durante cuarenta días, siente el peso de su humanidad: el hambre a nivel físico y las tentaciones del diablo a nivel moral. Enfrenta la misma dificultad […]

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