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fin del mundo

33 domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

Monición de entrada: Seguramente habréis oído decir alguna vez que se va a acabar este mundo tal día o tal otro. Sabemos que eso no es verdad porque, como dice el evangelio de hoy, no sabemos ni el día ni la hora.  Las lecturas que nos hablan del fin del mundo son muy difíciles de entender […]

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33 Domingo del Tiempo Ordinario B

Deja las excusas «Estamos llamados a vivir el presente, construyendo nuestro futuro con serenidad y confianza en Dios» ¿Cómo me encontraría el Señor si viniese hoy mismo?   ¿En qué pongo mis seguridades? ¿Cuales son los cimientos de mi vida? ¿ Pienso, espero con ilusión y vivo con el deseo de gozar del Amor de […]

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32 Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B

  Monición de entrada: Jesús habla a menudo de personas marginadas o que tienen problemas. En su tiempo, las viudas pasaban muchas dificultades porque no tenían ningún derecho. Las lecturas de hoy las ponen como ejemplo de la persona que comparte lo poquito que tiene…

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32 Domingo del Tiempo Ordinario B

 ¿Qué te mueve cuando haces algo por los demás: el aplauso, tranquilizar tu conciencia o por el contrario intentas dar-darte  en las situaciones que se presentan cada día con sencillez y sin ruido ?

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El episodio del Evangelio de este domingo se compone de dos partes: en una se describe cómo no deben ser los seguidores de Cristo; en la otra, se propone un ideal ejemplar de cristiano.
 
Comencemos por la primera, qué cosa no tenemos que hacer: en la primera parte, Jesús adeuda a los escribas, maestros de la ley, tres defectos que se manifiestan en su estilo de vida: soberbia, avidez e hipocresía. A ellos «les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes» (Mc 12,38-39). Pero, bajo apariencias tan solemnes, se esconden falsedad e injusticia. Mientras se pavonean en público, usan su autoridad – así dice Jesús – para «devorar los bienes de las viudas» (cfr v 40), a las que se consideraba, junto con los huérfanos y los extranjeros, como a las personas más indefensas y desamparadas. En fin, los escribas – dice Jesús –  «fingen hacer largas oraciones» (v 40).
 
También hoy existe el riesgo de asumir estas conductas. Por ejemplo, cuando se separa la oración de la justicia, porque no se puede rendir culto a Dios y causar daño a los pobres. O cuando se dice que se ama a Dios y, sin embargo, se antepone a Él la propia vanagloria, el propio provecho… 

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Conmemoración de todos los fieles difuntos

cementerio 2
A esta hora, antes del ocaso en este cementerio nos recogemos. Pensamos en nuestro futuro, pensamos en todos aquellos que se nos fueron. Todos aquellos que nos han precedido en la vida y están en el Señor.
Es tan linda aquella visión del Cielo que hemos escuchado en la primera lectura. El Señor Dios, la belleza, la bondad, la verdad, la ternura, el amor pleno. Nos espera eso. Y aquellos que nos han precedido, y han muerto en el Señor, están allá. Y proclaman que fueron salvados no por sus obras, hicieron obras buenas, pero fueron salvados por el Señor. La salvación pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono. Y Él es quien nos salva y es Él que nos lleva como un papá, de la mano, al final de nuestra vida, justamente a aquél cielo, donde están nuestros antecesores…

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Solemnidad de Todos los Santos

Todos santos
En esta solemne fiesta de Todos los Santos, la Iglesia nos invita a reflexionar sobre la gran esperanza, la gran esperanza que se funda en la Resurrección de Cristo: Cristo ha resucitado y también nosotros estaremos con Él. Los santos y los beatos son los testigos más autorizados de la esperanza cristiana, porque la han vivido plenamente en su existencia, entre alegrías y sufrimientos, poniendo en práctica las Bienaventuranzas que Jesús predicó y que hoy resuenan en la liturgia (cf. Mt 5,1-12a). Las Bienaventuranzas evangélicas son, en efecto, el camino de la santidad. Me refiero ahora a dos Bienaventuranzas, la segunda y la tercera.
 
La segunda es esta: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados» (v. 4). Parecen palabras contradictorias, porque el llanto no es un signo de alegría y felicidad. Motivos de llanto y de sufrimiento son la muerte, la enfermedad, las adversidades morales, el pecado y los errores: simplemente la vida cotidiana, frágil, débil y marcada por las dificultades. Una vida a veces herida y probada por la ingratitud y la incomprensión. Jesús proclama bienaventurados a los que lloran por estas situaciones  y, a pesar de todo, confían en el Señor y se ponen a su sombra. No son indiferentes ni tampoco endurecen sus corazones en el dolor, sino que esperan con paciencia en el consuelo de Dios. Y ese consuelo lo experimentan ya en esta vida…

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23 de enero de 2022 - Domingo de la Palabra de Dios

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 18-25 enero 2022

Taller bíblico - Cuéntame la Biblia

Año de la Familia