Domingo de Pascua de Resurrección del Señor

Hoy toda la creación resplandece con una luz nueva, desde la tierra se eleva un canto de alabanza y nuestro corazón exulta de alegría: ¡Cristo ha resucitado de entre los muertos y, con Él, también nosotros resucitamos a una vida nueva!
Este anuncio pascual abraza el misterio de nuestra vida y el destino de la historia, y nos alcanza hasta en los abismos de la muerte, por los cuales nos sentimos amenazados y a veces abrumados. Nos abre a la esperanza que no desfallece, a la luz que no se apaga, a esa plenitud de alegría que nada puede borrar: ¡la muerte ha sido vencida para siempre, la muerte ya no tiene poder sobre nosotros!
Este es un mensaje que no siempre es fácil de acoger, una promesa que nos cuesta aceptar, porque el poder de la muerte nos amenaza siempre, dentro y fuera.
Dentro de nosotros, cuando el lastre de nuestros pecados nos impide alzar el vuelo; cuando las decepciones o la soledad que experimentamos agotan nuestras esperanzas; cuando las preocupaciones o los resentimientos sofocan la alegría de vivir; cuando sentimos tristeza o cansancio; cuando nos sentimos traicionados o rechazados; cuando tenemos que hacer frente a nuestra debilidad, al sufrimiento, al cansancio de cada día, entonces nos parece haber caído en un túnel del que no vemos la salida.
Pero también fuera de nosotros, la muerte siempre acecha. La vemos presente en las injusticias, en los egoísmos partidistas, en la opresión de los pobres, en la escasa atención hacia los más frágiles. La vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva por todas partes a causa de los abusos que aplastan a los más débiles, ante la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, ante la violencia de la guerra que mata y destruye.
En esta realidad, la Pascua del Señor nos invita a levantar la mirada y a ensanchar el corazón. Ella sigue alimentando en nuestro espíritu y en el camino de la historia la semilla de la victoria prometida. Nos pone en movimiento como a María Magdalena y como a los Apóstoles, para hacernos descubrir que el sepulcro de Jesús está vacío, y, por tanto, en cada muerte que experimentamos hay también espacio para una nueva vida que surge. El Señor está vivo y permanece con nosotros. A través de resquicios de resurrección que se abren paso en la oscuridad, Él entrega nuestro corazón a la esperanza que nos sostiene: el poder de la muerte no es el destino último de nuestra vida. Estamos orientados de una vez y para siempre hacia la plenitud, porque en Cristo resucitado también nosotros hemos resucitado.
Así nos lo recordaba con palabras conmovedoras el Papa Francisco, en su primera Exhortación apostólica, Evangelii gaudium, afirmando que la resurrección de Cristo «no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto» (n. 276).
Hermanos y hermanas, la Pascua del Señor nos da esta esperanza, recordándonos que en Cristo resucitado una nueva creación es posible cada día. Así nos lo dice el Evangelio proclamado hoy, que sitúa el acontecimiento de la resurrección de manera precisa: «El primer día de la semana» (Jn 20,1). El día de la resurrección de Cristo nos remite así a la creación, a aquel primer día en el que Dios creó el mundo, y nos anuncia, al mismo tiempo, que una vida nueva, más fuerte que la muerte, está ahora brotando para la humanidad.
La Pascua es la nueva creación obrada por el Señor Resucitado, es un nuevo comienzo, es la vida finalmente hecha eterna por la victoria de Dios sobre el antiguo adversario.
Hoy necesitamos este canto de esperanza. Y somos nosotros, resucitados con Cristo, quienes debemos llevarlo por las calles del mundo. Corramos, pues, como María Magdalena, anunciémoslo a todos; llevemos con nuestra vida la alegría de la resurrección, para que allí donde aún se cierne el espectro de la muerte, pueda resplandecer la luz de la vida.
Que Cristo, nuestra Pascua, nos bendiga y conceda su paz al mundo entero.
S.S. León XIV,
Domingo de Pascua «Resurrección del Señor
5 de abril de 2026
Fuente: vatican.va
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor – Eucaristía de Familias

Monición de entrada: Hoy es el día más importante y más alegre para todos nosotros, los católicos, ya que Jesús venció a la muerte y nos dio la vida. Esto quiere decir que Cristo nos da la oportunidad de salvarnos, de entrar en el Cielo y vivir siempre felices en compañía de Dios. Pascua es el paso de la muerte a la vida.
Primera lectura: (Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 34a. 37-43)
Salmo 117: “Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo”.
Segunda lectura: (Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Colosenses 3, 1-4)
Evangelio (Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 1-9)
El Evangelio de San Juan nos presenta hoy a los primeros testigos de la Resurrección de Cristo, quienes encontraron el sepulcro vacío el primer día de la semana. Escuchemos el mensaje que Dios nos ha preparado hoy
Preces
1- Por la Iglesia, para que renovada por la Pascua, siga anunciándole a todo el mundo la alegría del Evangelio. Roguemos al Señor.
2.- Para que descubramos que Jesús nunca nos abandona y siempre está a nuestro lado. Roguemos al Señor.
3- Por los más pobres y enfermos, para que la alegría de la Pascua les traiga esperanza y alivio. Oremos Roguemos al Señor.
4.- Para que miremos siempre con los ojos del corazón y así descubramos a Jesús en cada persona. Roguemos al Señor.
5.-Por la paz del mundo, para que cesen las ambiciones, desaparezcan las injusticias y enemistades y brote por todas partes el amor y la paz. Roguemos al Señor.
6.- Para que con nuestras palabras y obras seamos testigos valientes y creíbles de Jesús Resucitado. Roguemos al Señor.
Despedida:
Jesús ha triunfado sobre la muerte. Vayamos a comunicar la gran noticia de la Resurrección a nuestros familiares y amigos.
Aquí puedes descargar la hoja para la Eucaristía Familias_ Domingo de Resurrección
Vigilia de la Pascua de Resurrección del Señor

Primeras Confesiones en nuestra parroquia
El 27 de marzo, Viernes de Dolores, l@s niñ@ que se preparan en nuestra parroquia para la Primera Comunión, se han acercado por primera vez al sacramento de la Reconciliación. Durante la catequesis de los últimos viernes, han tenido la oportunidad de reflexionar con sus catequistas sobre los cinco requisitos necesarios para hacerlo de la mejor manera: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, confesión de los pecados y cumplir la penitencia; y por fin llegó el momento de experimentar la ALEGRÍA DEL PERDÓN DE DIOS, en una celebración vivida con emoción por los niños y sus familias.



Entrega de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios
L@s niñ@ que se preparan en nuestra parroquia para recibir la Primera Comunión han compartido con sus catequistas, familiares y comunidad parroquial la alegría de ir avanzando en su Iniciación cristiana. Durante varias semanas, ayudados por sus catequistas -Amparo, Soledad y María- han ido conociendo y aprendiendo los Mandamientos de la Ley de Dios. […]
Leer más→Soneto alcarreño a la iglesia de San Nicolás el Real de Guadalajara
Por Juan Pablo Mañueco
(escritor y periodista)
Por esta nave única de planta en cruz latina,
mas con variadas grandes capillas laterales,
singlan naves que bogan para curar los males
por las cuales la nave del alma se encamina.
.
Sobre el amplio crucero, una cúpula redonda
con balconada y sol que desciende por linterna,
da paso desde el cielo a la clara luz eterna
que cala entre la iglesia celeste lumbre honda.
.
Dentro, el mayor retablo ocupado es por caverna
de columnas salomónicas formando fronda
sobre sí mismas girando, en marmórea ronda
grisácea, al cielo rodando en torsión eterna.
.
Son tan blancos e intensos del cielo estos umbrales
y cargada en barroco cada labrada esquina
que al fondo del claro cruce de la cruz latina
se sienten ya cánticos de coros celestiales.
Del libro “Donde el mundo se llama Guadalajara”
Juan Pablo Mañueco
https://biblioteca-virtual.fandom.com/es/wiki/Juan_Pablo_Ma%C3%B1ueco
Conferencias de San Vicente de Paúl de San Nicolás el Real – Actividades del voluntariado
ALGUNOS PENSAMIENTOS DE SAN VICENTE DE PAÚL «Ayudando a los pobres, cumplimos la Justicia y no la Misericordia.» «Hermanos, amemos a Dios, pero con nuestros brazos y con el sudor de nuestra frente; porque el cariño, la benevolencia, un corazón enternecido, todo eso es bueno, pero sospechoso si no llega a acciones efectivas.» «Esperar de […]
Leer más→Proyecto de acompañamiento en hospitales. Sociedad de San Vicente de Paúl (SSVP)
La Sociedad de San Vicente de Paúl (SSVP) ha lanzado un proyecto de acompañamiento en hospitales para brindar apoyo a personas hospitalizadas y a sus familiares. Este proyecto, que va dirigido a los aspectos más trascendentales de la persona, busca humanizar el entorno hospitalario, y ofrecer consuelo y compañía en momentos de soledad y vulnerabilidad. Los servicios de acompañamiento […]
Leer más→Sábado Santo – Catequesis del Papa León XIV – La muerte- El Descenso

La Pascua de Jesús. La muerte. «Un sepulcro nuevo, en el que nadie había sido depositado aún» (Jn 19,40-41)
En nuestro camino de las catequesis sobre Jesús esperanza nuestra, hoy contemplamos el misterio del Sábado Santo. El Hijo de Dios yace en la tumba. Pero esta su “ausencia” no es un vacío: es espera, plenitud contenida, promesa custodiada en la oscuridad. Es el día del gran silencio, en el que el cielo parece mudo y la tierra inmóvil, pero es justamente allí que se cumple el misterio más profundo de la fe cristiana. Es un silencio grávido de sentido, como el vientre de una madre que custodia al hijo todavía no nacido, pero ya vivo.
El cuerpo de Jesús, bajado de la cruz, fue envuelto con cuidado, como se hace con aquello que es valioso. El evangelista Juan nos dice que fue sepultado en un jardín, dentro «una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado» (Jn 19,41). Nada es dejado a la casualidad. Aquel jardín recuerda al Edén perdido, el lugar en el que Dios y el hombre estaban unidos. Y aquella tumba nunca antes usada habla de algo que todavía debe suceder: es un umbral, no un final. En el inicio de la creación Dios había plantado un jardín, ahora también la nueva creación toma forma en un jardín: con una tumba cerrada que pronto se abrirá
El Sábado Santo es también un día de descanso. Según la ley judía, el séptimo día no se debe trabajar: de hecho, luego de seis días de creación, Dios descansó (cfr Gen 2,2). Ahora, también el Hijo, luego de haber completado su obra de salvación, descansa. No porque está cansado, sino porque ha concluido su trabajo. No porque se ha rendido, sino porque ha amado hasta el final. No hay nada más que agregar. Este descanso es el sello de la obra cumplida, es la confirmación de aquello que tenía que hacerse y que ha sido completado. Es un descanso lleno de la presencia oculta del Señor.
Fatigamos en detenernos y descansar. Vivimos como si la vida nunca fuese suficiente. Corremos por producir, por demostrar, por no perder terreno. Pero el Evangelio nos enseña que saber detenerse es un gesto de confianza que tenemos que aprender a cumplir. El Sábado Santo nos invita a descubrir que la vida no depende siempre de aquello que hacemos, sino también de cómo sabemos desistir de cuanto hemos podido hacer.
En el sepulcro, Jesús, la Palabra viviente del Padre, calla. Pero es justamente en aquel silencio que la vida nueva inicia a fermentar. Como una semilla en la tierra, como la oscuridad antes del amanecer. Dios no tiene miedo del tiempo que pasa, porque es Señor también de la espera. Así, también nuestro tiempo “no útil”, aquel de las pausas, de los vacíos, de los momentos estériles, puede convertirse en vientre de resurrección. Todo silencio acogido puede ser la premisa de una Palabra nueva. Todo tiempo detenido puede convertirse en tiempo de gracia, si lo ofrecemos a Dios.
Jesús, sepultado en la tierra, es el rostro mansueto de un Dios que no ocupa todo el espacio. Es el Dios que deja hacer, que espera, que se retira para dejarnos la libertad. Es el Dios que se fía, también cuando todo parece terminado. Y nosotros, en ese sábado detenido, aprendemos que no tenemos que tener prisa de resurgir: más es necesario descansar, acoger el silencio, dejarse abrazar por el límite. A veces buscamos respuestas rápidas, soluciones inmediatas. Pero Dios trabaja en lo profundo, en el tiempo lento de la confianza. El sábado de la sepultura se convierte así en las entrañas de las que pueden brotar las fuerzas de una luz invencible, aquella de la Pascua.
Queridos amigos, la esperanza cristiana no nace en el ruido, sino en el silencio de una espera habitada por el amor. No es hija de la euforia, sino de un confiado abandono. Nos lo enseña la virgen María: ella encarna esta espera, esta esperanza. Cuando nos parezca que todo está detenido, que la vida es un camino interrumpido, acordémonos del Sábado Santo. También en la tumba, Dios está preparando la sorpresa más grande. Y si sabemos acoger con gratitud aquello acontecido, descubriremos que, justamente en la pequeñez, y en el silencio, Dios ama transfigurar la realidad haciendo nuevas todas las cosas con la fidelidad de su amor. La verdadera alegría nace de la espera habitada, de la fe paciente, de la esperanza que cuanto ha vivido en el amor, ciertamente, resurgirá a la vida eterna.
S.S. León XIV
Catequesis, Audiencia, 17 septiembre de 2025
Viernes Santo – Catequesis del Papa León XIV – La entrega – La crucifixión

Catequesis del Papa León XIV – La Pascua de Jesús -La entrega
Hoy nos detenemos en una escena que marca el inicio de la pasión de Jesús: el momento de su detención en el huerto de los Olivos. El evangelista Juan, con su habitual profundidad, no nos presenta a un Jesús asustado, que huye o se esconde. Al contrario, nos muestra a un hombre libre, que se adelanta y toma la palabra, afrontando con valentía la hora en la que puede manifestarse la luz del amor más grande.
«Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les dijo: “¿A quién buscan?”» (Jn 18,4). Jesús lo sabe. Sin embargo, decide no retroceder. Se entrega. No por debilidad, sino por amor. Un amor tan pleno, tan maduro, que no teme el rechazo. Jesús no es capturado: se deja capturar. No es víctima de un arresto, sino autor de un don. En este gesto se encarna una esperanza de salvación para nuestra humanidad: saber que, incluso en la hora más oscura, se puede seguir siendo libre para amar hasta el final.
Cuando Jesús responde «Soy yo», los soldados caen al suelo. Se trata de un pasaje misterioso, ya que esta expresión, en la revelación bíblica, evoca el nombre mismo de Dios: «Yo soy». Jesús revela que la presencia de Dios se manifiesta precisamente allí donde la humanidad experimenta la injusticia, el miedo y la soledad. Precisamente allí, la luz verdadera está dispuesta a brillar sin temor a ser abrumada por el avance de las tinieblas…
Lunes Santo – Procesión en honor a María Santísima de la Misericordia.
El Lunes Santo, Nuestra Madre María Santísima de la Misericordia, recorrerá las calles de la ciudad de Guadalajara llenándola de luz y emoción. Partirá desde San Nicolás el Real y hará estación de penitencia y saludo a las hermandades que tienen su sede canónica en las Iglesias de Santiago Apóstol y de la Iglesia […]
Leer más→Jueves Santo en la Cena del Señor

«Los amó hasta el extremo»(Jn 13, 1)
La solemne liturgia de esta tarde nos introduce en el Triduo Santo de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Cruzamos este umbral no como espectadores, ni por inercia, sino involucrados de manera especial por el mismo Jesús; como invitados a la Cena en la que el pan y el vino se convierten para nosotros en Sacramento de salvación. Participamos, en efecto, en un banquete durante el cual Cristo, «que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1). Su amor se convierte en gesto y alimento para todos, revelando la justicia de Dios. En el mundo, precisamente allí donde prevalece el mal, Jesús ama definitivamente, para siempre, con todo su ser.
Durante esta última Cena, Él lava los pies a sus apóstoles, diciendo: «Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes» (Jn 13,15). El gesto del Señor forma una sola cosa con la mesa a la que nos ha invitado. Es un ejemplo del sacramento; a la vez que confirma su sentido, nos confía una tarea que queremos asumir como alimento para nuestra vida. El evangelista Juan elige la palabra griega upódeigma para relatar el acontecimiento del que fue testigo; significa “lo que se muestra ante los propios ojos”. Lo que el Señor nos muestra, tomando el agua, la palangana y el delantal, es mucho más que un modelo moral. De hecho, nos entrega su propia forma de vida; lavar los pies es un gesto que resume la revelación de Dios, un signo ejemplar del Verbo hecho carne, su memoria inconfundible. Al asumir la condición de siervo, el Hijo revela la gloria del Padre, desmontando los criterios mundanos que ensucian nuestra conciencia…
Santo Triduo Pascual
El Jueves Santo. En la tarde, con la Santa Misa “en la Cena del Señor” iniciará el Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, que es el culmen de todo el año litúrgico y también el culmen de nuestra vida cristiana. El Triduo se abre con la conmemoración de la Última Cena. […]
Leer más→Hermandad Ntra. Sra. de la Soledad – cultos y procesiones
Sábado, 28 de marzo, a las 20:30 h. en la iglesia de San Nicolás el Real. Concierto por la banda sinfónica Complutense, dirigida por Dña. Rocío Salud González, subdirectora de la banda de las Cigarreras de Sevilla.
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