Campuzano 06

Sepulcro de D. Rodrigo de Campuzano

 Campuzano 06
 
Iglesia de San Nicolás el Real
GUADALAJARA
 
 
Historia
 
En 1772 el quinto Conde de Montemar traslada desde la antigua iglesia de San Nicolás, los restos, epitafio, escudos y escultura funeraria de su antepasado D. Rodrigo de Campuzano, Comendador de la Orden de Santiago, fallecido en 1488. Las piezas tardogóticas de alabastro, de finales del siglo XV, se integran dentro de un nuevo monumento arquitectónico en yeso y piedra caliza, de estilo Neoclásico, con decoración de rocallas y elementos vegetales como ramos de laurel. Con el caballero santiaguista se mandan enterrar los Condes de Montemar, Don Diego José Carrillo de Albornoz (|1789) y su mujer, Doña María Antonia de Oviedo (t1783), hija de los Marqueses de Buscayolo.

Poco sabemos del virtuoso maestro que realizó la escultura yacente de alabastro. Numerosos estudios relacionan la obra con Sebastián de Toledo, autor de los sepulcros de D. Alvaro de Luna y su mujer en la Catedral de Toledo y el de Martín Vázquez de Arce, «el Doncel», en la Catedral de Sigüenza. Así, la crítica especializada toma la escultura yacente de San Nicolás como precedente inmediato de la seguntina.

El cuerpo inerte de Don Rodrigo se presenta en actitud rígida, con armadura, cota y manto de la Orden de Santiago labrados al detalle. Con sus manos desnudas sujeta la espada, representando un crucifijo. Su cabeza, tocada con bonete, se apoya sobre un cojín, debajo del cual se colocan unos libros, simbolizando la llegada de una nueva mentalidad: el hombre de armas ahora también es un hombre interesado por las letras, por la cultura; son los albores del Renacimiento. A los pies, un paje descansa sobre el yelmo del caballero, simbolizando fidelidad, melancolía y añoranza por la muerte del ser a quien se está ligado por afecto humano y a quien se ha servido. Su epitafio dice lo siguiente:

«Aquí estcá sepulfado el honrado y virtuoso caballero Rodrigo de Campuzano / Comendador en la Orden de santiago; hijo de Rodrigo de Campuzano nieto / de Gomez Gutierres de Herrera y de donna Hurraca Lasa visnieto de Alonso de la Vega y de Juan Gutierres de Herreros, caballero que fue de la Vanda / y de Pero Dias de Savallos paso desta vida presente año de MLCCCCLXXXVIII «

Diego José Carrillo de Albornoz y Bravo de Lagunas, Campuzano, Yáñez, Presa, Billela, Bedoya, Castillo, Coniferas y Lasarte nació el 29 de Septiembre de 1724 en Lima (Perú). Quinto Conde de Montemar y XVI Señor del Castillo de Mirabel, aparte de otros Mayorazgos y Patronatos, falleció el 23 de Diciembre de 1789 en Madrid, de donde era vecino. Casó el 12 de Junio de 1774 con María Antonia de Oviedo, pero del enlace no salió descendencia por lo que el Título pasó a su hermano Fernando Carrillo de Albornoz y Bravo de Lagunas. Don Diego pertenece a la rama Carrillo de Albornoz que desde Sevilla pasó a Hispanoamérica a comienzos del siglo XVIII. Volvió a Castilla, donde fue sorteado como uno de los «Doce Caballeros Nobles de Guadalajara» en 1781, 1786 y 1789. El gusto arqueológico del momento cala en el conde, el cual recupera sucesivamente en Guadalajara dos sepulcros de sus antepasados, uno el de Don Rodrigo de Campuzano en San Nicolás, y otro, en 1776, el de Don Ildefonso Yáñez de Mendoza, Confesor de la Reina Isabel I de Castilla y Asistente del Cardenal Mendoza, en Santa María de la Fuente. En ambas obras se mantienen las esculturas yacentes originales, agregándose similar decoración arquitectónica en yeso al gusto de la época.

 
La restauración
 
El conjunto había llegado a nuestros días en un estado de conservación precario, apreciándose gran acumulación de suciedad superficial, repintes, quemaduras, impactos, arañazos, pérdidas de volumen escultórico y reconstrucciones erróneas. Especialmente grave era el depósito de sales en la lápida, por efecto de la ascensión vertical de humedades por la capilaridad de la piedra y posterior afloramiento tras su desecación.

La intervención consistió en un tratamiento integral del conjunto. Se analizó el valor estético – artístico de las aportaciones de los diferentes estilos y la historia material de la obra (pérdidas – añadidos de volumen y color), considerando algunas de ellas poco acertadas para el sepulcro. Primando un valor visual y sobre todo de conservación, se tomó la decisión de mantener, eliminar o reintegrar lagunas y reconstrucciones con el criterio de mínima intervención posible, para poder comprender los elementos integradores y resaltar la diferencia de materiales constitutivos. Las acciones realizadas más importantes son: Limpieza superficial y eliminación de repintes. Consolidación estructural y reconstrucción de volumen escultórico.Construcción de cámara de aire para eliminar humedades. Eliminación de eflorescencias salinas. Renovación de policromía de conjunto arquitectónico. Protección superficial a toda la obra.

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