Domingo, 25 de Noviembre

Nadie Sin Hogar 2012

Un año más, Cáritas Española, impulsa la Campaña de las Personas sin hogar en su vigésima edición, con el lema:

“SON DERECHOS, NO REGALOS. NADIE SIN HOGAR”

«Los cristianos debemos asumir la propia responsabilidad en la sociedad en que vivimos y no legitimar realidades como la situación de las personas que no tienen un hogar digno. No es buena la indiferente resignación y es injusto considerar como normales las situaciones que no lo son”. (Julián Barrio Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela)

Escuchemos la voz de una persona sin hogar:

Han pasado muchas cosas por nuestras vidas. Hoy me vuelvo, miro a mis compañeros y revivo en las miradas sus historias personales, sus vidas, deseos, sentimientos, sus ilusiones… todo lo que nos hace ser, lo que somos: personas, ni más ni menos.

Hubo un tiempo donde teníamos salud, para seguir luchando; donde había cariño a nuestro alrededor, valorábamos el tiempo y podíamos empatizar con el que lo pasaba mal.

Hubo un tiempo, donde algunos teníamos nuestro amor, nuestro hogar, donde había resquicios de felicidad y la autoestima, nos dejaba caminar. Donde nos mirábamos a un espejo y podíamos sonreír, porque teníamos aún esa inocencia que te hace caminar sin tropezarte cuando te sientes protegido.

Hubo un tiempo donde algunos teníamos un trabajo digno que nos realizaba donde algunos de nosotros teníamos amigos de verdad, de esos que se cuentan con los dedos de una mano. Algunos de los que hoy estamos aquí teníamos una familia y cierta estabilidad, una madre que nos esperaba, y unas personas a las que queríamos… Hubo un tiempo donde algo estaba bien en la vida, éramos uno más.

Pero ahora no, ahora no llegamos ni a ser uno más, no valemos, no estamos, no contamos, no existimos, a no ser, eso si, que la muerte de uno de nosotros produzca morbo para ser comentada, si alguno de nosotros muere debajo de un puente por frío, o si le han matado de una paliza, entonces se crea una conmoción que dura un día o dos y se acuerdan de que existimos, mientras tanto no somos ni uno más del montón, solamente somos unos Don Nadie.

Pero tenemos deseos. Nos gustaría que la sociedad fuera esa lámpara maravillosa de Aladino y nos diera un poco de cariño, una compañía con la que poder sentarnos a charlar; desearíamos un trabajo, aunque no fuera para toda la vida, solo que nos sirviera para sentirnos ocupados; desearíamos poder tener libertad, aunque eso ahora se confunda con tener dinero porque dicen que eso te la da; desearíamos tener de nuevo pasión por las cosas pequeñas, tranquilidad para poder afrontar los problemas que van llegando a nuestra mochila, poder tener una vida mejor. Poder llegar a mayores y contarlo. Desearíamos sentirnos realizados, tener un hogar, y alguien con quien compartirlo, poder acabar los estudios, que nos comprendieran los que están a nuestro alrededor, tener paciencia, que sabemos que a veces no la tenemos; pero ante todo no perder la ilusión, no volvernos locos aunque hay gente que así nos tacha, porque nos gustaría sentirnos escuchados, sentirnos comprendidos, en definitiva, sentirnos en paz con nosotros mismos y con los demás.
 
Pero son solo deseos porque la realidad es otra. Aun así, dejarnos soñar por un momento, que estos deseos se cumplan y nuestras ilusiones vuelen hacia la realidad de un futuro próximo.

Nos veríamos ilusionados, posiblemente jubilados y con una pensión decente; rodeados por la gente que queremos, disfrutando del amor y del cariño; compartiendo nuestra experiencia y ayudando a los que pasaran por lo que nos ha tocado pasar a nosotros. Nos sentiríamos realizados, asentados y asumiendo responsabilidades sobre nuestra vida… Siendo felices

Como veis no es tan raro lo que pedimos, no somos tan diferentes como el resto del mundo… Seguimos siendo personas…

Pero vivimos tiempos confusos, momentos complicados para todos. Estamos creando una sociedad egoísta que, primero, solo piensa en lo que necesitas tú para estar mejor y luego piensa en los de alrededor y excepcionalmente en los demás…
 
Vivimos en una sociedad donde se están empezando a ver coartados una serie de derechos fundamentales, quizás también necesidades, que deberían ser obligatorios e imprescindibles para todos. Nosotros no entendemos de crisis financieras, no entendemos de bancos ni de tipos de interés, pero sí que entendemos (y creo que por desgracia somos unos expertos) de crisis de valores. Y en crisis, por desgracia, muchos de nosotros llevamos tiempo, antes a duras penas nos recuperábamos, ahora lo tenemos imposible…

Si seguimos avanzando en este camino, estos derechos que son fundamentales para poder ser personas, se irán perdiendo, y la protección social se irá deteriorando hasta desmoronarse por completo. Perderemos la protección hacia nuestros enfermos, hacia nuestras personas mayores, hacia los que están y se sienten inválidos, perderemos la protección cuando tengamos dificultades con la familia, cuando estemos en paro, cuando no tengamos vivienda, cuando tengamos que utilizar la supervivencia para poder subsistir, cuando estemos en una situación de exclusión social…

Por desgracia nosotros ya nos sentimos ante esto desprotegidos, nos sentimos rechazados, solos, tirados, nos sentimos abandonados. Nos sentimos desamparados, sin apoyo, fracasados, tristes y con mucha rabia. Nos sentimos apartados…

Pero tenemos mucho que aportar a la sociedad. Tenemos muchos valores que compartir. Tenemos alegrías y ánimo para seguir luchando. Tenemos afectos, cariño y todo el tiempo del mundo. Tenemos mucha experiencia en apoyar a los demás, en dar la mano al compañero, en escuchar, talento que puede venir bien a todos. Tenemos comprensión y vida, ante todo, mucha vida.
 
Por eso nos duele sentirnos apartados y nos duele que cuando nos dan lo que nos pertenece por ser personas la gente proteste y piense que nos están regalando algo que por derecho es nuestro, porque formamos parte también de esta sociedad y porque queremos aportar nuestro granito de arena para salir adelante.

Os podríamos ofrecer nuestra experiencia a cambio de lo que nos pertenece y nuestra experiencia es dura; os podríamos regalar nuestro sufrimiento y nuestro dolor, o nuestras noches solitarias sin cariño. Os podrimos regalar una sola noche mojados por la lluvia y deambulando por la ciudad. Os regalaríamos tener que pasar el tiempo sin ningún estímulo, un día y otro, y otro…

Levantarse cada mañana en un albergue al lado de una persona que no conoces de nada en la cama de al lado; os regalaríamos la sensación que tenemos de vivir de prestado, que no nos gusta, el estar acosados. Os regalaríamos una noche y un día sin sonido, sin luces, sin conversaciones con nadie, sin nada de nada. Regalaríamos el no poder estar con tu familia, el dormir a la intemperie en la calle, o el vivir en un coche pasando hambre y frío. Regalaríamos todos los rechazos que vivimos continuamente en las puertas de las empresas, donde sabemos que nuestros curriculos los tiran a la basura en la misma conserjería… Podríamos seguir, y seguro que a mis compañeros se les ocurren mil regalos que dar a esta sociedad a cambio de un derecho…
 
Pero nosotros no vamos a regalar nuestro pasado. Queremos regalar nuestro presente y nuestro futuro porque creemos que somos uno más que podemos aportar y que no estamos aquí para ser invisibles, ni para recibir ningún regalo que no nos merecemos. Queremos ser parte de esta sociedad y como tal que se nos escuche y entre todos hacer un mundo mejor…
Manifiesto para este día
Fuente: www.caritasespañola.org
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El domingo, día 25 de noviembre, se nos llama a mirar con responsabilidad a las personas sin techo con el lema: “Son derechos, no regalos, nadie sin hogar”. La Iglesia recorre el camino del hombre con la gracia de Cristo y con la luz del Evangelio que pone ante nuestra consideración el plan de salvación y la dignidad humana. La jornada dedicada a los sin techo ha de avivar nuestra sensibilidad ante la situación de las personas sin hogar y de las que se están viendo privadas de él por los desahucios que están padeciendo dramáticamente. Reivindicar sus derechos y contribuir a transformar esa realidad, es compromiso de todos, especialmente de nuestros responsables políticos y financieros que no deben mirar para otro lado ante esta angustiosa situación. Los sin techo llevan en su vida el drama de no tener un alojamiento digno, estable y adecuado. Es el triste espectáculo de quienes se esfuerzan por sobrevivir, obligados a dormir en la calle, en alojamiento precario o en edificios que no reúnen unas condiciones de habitabilidad. “La falta de vivienda que es un problema en si mismo bastante grave, es digno de ser considerado como signo o síntesis de toda una serie de insuficiencias económicas, sociales, culturales o simplemente humanas; y teniendo en cuenta la extensión del fenómeno, no debería ser difícil convencerse de cuán lejos estamos del auténtico desarrollo de los pueblos”

Personas excluidas
Los  sin techo son personas excluidas y estigmatizadas por su condición de extrema pobreza que dejan  de existir para la sociedad. En no pocas ocasiones se sienten ignoradas por las administraciones públicas, las nuevas tecnologías y las relaciones personales, cuando debería ser la sociedad quien notara dramáticamente la ausencia de ellas. Sufren un proceso de deterioro físico y mental debido a la exclusión o a la estigmatización social.

Por lo general son personas mayores sin trabajo, pero seres humanos con todos sus derechos, que no deben ser discriminados. Damos rodeos para no encontrarnos con ellos; nos incomodan sus inseguridades y sus dudas; pensamos que todo se les regala y nos estremecemos cuando son noticia porque alguno de ellos ha muerto porque no han podido soportar el frío de la noche. Hay que salir al encuentro de estas personas, ofreciéndoles nuestra ayuda y exigiendo que se les ayude.  En todo caso, se deben garantizar los derechos sociales básicos como la vivienda, el empleo, la educación y la protección social, transformando las dinámicas sociales de endeudamiento, exclusión y deshumanización que impiden el desarrollo integral del hombre.

Datos para el discernimiento
Sólo en nuestras diócesis hay  unas mil quinientas personas  sin techo, siendo atendidas muchas de ellas por Caritas Diocesana. Son necesarios los análisis estadísticos pero no debemos perdernos en ellos. La precariedad laboral y el paro que afectan de manera especial a los jóvenes, les hacen inviable acceder a una vivienda digna que es un derecho y no un privilegio.  En no pocos casos conseguirla supone vivir hipotecados de por vida. Esta dificultad se agrava en las personas entre los 40 y  60 años que deambulan por nuestras calles. Lo cierto es que “estar sin techo no es una cualidad o una condición de algunas personas, es una situación a  la que se llega por una serie de circunstancias que se encadenan; nadie está a salvo de llegar a ser persona sin hogar si se dan las circunstancias coincidentes necesarias”.  

Nuestro compromiso
Los pobres son la opción preferencial de la Iglesia. La fe en Cristo muerto y resucitado nos compromete a ser protagonistas de la historia con el testimonio de una vida fundamentada en  la verdad, la justicia, el amor y la solidaridad. Como cristianos hemos de  implicarnos en las necesidades de los demás, pues nada que afecte a los demás nos puede ser ajeno. Esto nos compromete a trabajar por el bien común que es incompatible con la especulación económica que beneficia a unos pocos a costa de muchos. Hay que asumir la propia responsabilidad en la sociedad en que vivimos y no legitimar realidades como la situación de las personas que no tienen un hogar digno. No es buena la indiferente resignación y es injusto considerar como normales las situaciones que no lo son.
+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela
Publicado en Campañas.

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