24º Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo A

El pasaje del Evangelio de este domingo (Mt 18.21 a 35) nos da una enseñanza sobre el perdón.  
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«Con respecto a si debemos perdonar siempre, Jesús nos dice que sí. Un día Pedro le preguntó: «Señor, si alguien me hace daño, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Y Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mt 18,21-22). Y con eso Jesús quiso decir: perdona siempre. Pero hay que entender bien qué significa perdonar. Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño. No significa olvidar por la fuerza, como si nada hubiera pasado. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón. Jesús nos pide perdonar porque es la única manera de experimentar la paz de Dios y de sanar heridas espirituales. Cuando perdonamos imitamos el ejemplo de Jesús, que perdonó a quienes lo crucificaban. Nuestra disposición para perdonar es condición para el perdón que recibimos de Dios». (Fragmento del discurso del Papa León XIV- Encuentro con las realidades de caridad y asistencia diocesanas- iglesia de San Agustín – Barcelona- 10 de junio de 2026)
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«Perdonar no significa negar el mal, sino impedir que genere más mal. No es decir que no haya pasado nada, sino hacer todo lo posible para que no sea el rencor el que decida el futuro.

(…) Nosotros también vivimos noches dolorosas y agotadoras. Noches del alma, noches de decepción, noches en las que alguien nos ha herido o traicionado. En esos momentos, la tentación es cerrarnos, protegernos, devolver el golpe. Pero el Señor nos muestra que hay esperanza, que siempre hay otro camino. Que se puede responder con el silencio de la confianza. Y que se puede seguir adelante con dignidad, sin renunciar al amor.

Hoy pedimos la gracia de saber perdonar, incluso cuando no nos sentimos comprendidos, incluso cuando nos sentimos abandonados. Porque es precisamente en esos momentos cuando el amor puede alcanzar su cima. Como nos enseña Jesús, amar significa dejar al otro libre —incluso para traicionar— sin dejar nunca de creer que incluso esa libertad, herida y perdida, puede ser arrancada del engaño de las tinieblas y devuelta a la luz del bien.

Cuando la luz del perdón logra filtrarse entre las grietas más profundas del corazón, comprendemos que nunca es inútil. Aunque el otro no lo acoja, aunque parezca vano, el perdón libera a quien lo ofrece: disuelve el resentimiento, devuelve la paz, nos devuelve a nosotros mismos» (S.S.León XIV- fragmento catequesis -Audiencia, 20 de agosto de 2026)

 
Publicado en Lectio Divina.

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