Hoy el Evangelio (cf. Mt 18,21-35) nos habla de un valor fundamental de la vida cristiana: el perdón. Jesús lo enseñó y lo atestiguó hasta en la cruz, donde oró al Padre por sus perseguidores con las palabras que todos conocemos: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).
En el pasaje de hoy, Pedro interroga al Maestro precisamente sobre este tema: «Señor —le pregunta—, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?» (Mt 18,21). Sus palabras revelan un corazón generoso: el número siete, de hecho, simboliza en la Biblia la plenitud, y “perdonar siete veces” significa perdonar con gran generosidad. La respuesta de Jesús, sin embargo, va más allá: «No te digo que hasta siete veces —afirma—, sino hasta setenta veces siete» (v. 22), es decir, más allá de todo límite, sin medida.
Y para aclarar mejor su pensamiento, el Salvador cuenta la parábola de un siervo que tenía, una deuda tan grande con su señor, que era prácticamente imposible de pagar. Aunque por pura misericordia, había obtenido la condonación no había mostrado la misma piedad hacia uno de sus compañeros, y por eso fue reprendido y castigado severamente (vv. 23-30).
Con estas palabras, Jesús nos recuerda que el don y el perdón son la base de nuestra existencia. Todo nos lo da Dios por puro amor, y ninguno de nosotros puede decirse perfecto a la hora de responder a tanta bondad. Por eso, la gratuidad, que es la fuente de nuestra propia vida, es también la mejor regla para nuestra convivencia. Lo experimentamos cada día. El perdón es indispensable, sin él no se puede vivir en paz: tarde o temprano, en el corazón y entre las personas, surgen conflictos, acusaciones, rencores y venganzas que destruyen las relaciones, dividen a las familias y desencadenan guerras.
Sólo el perdón libera y devuelve la luz, incluso allí donde la pobreza material y moral del hombre, por un momento, ha ensombrecido el horizonte y ha hecho incierto el camino. El perdón, como un viento favorable, disipa incluso las nubes más densas, hasta que vuelve a dejarnos ver el sol. El mismo san Pedro lo experimentó en varias ocasiones a lo largo de su vida; en particular cuando, tras haber negado y abandonado a Jesús durante la Pasión, al encontrárselo resucitado a orillas del lago, escuchó una única pregunta: «Simón […], ¿me amas?» (Jn 21,15), acompañada de una invitación: «Sígueme» (v. 19). Exactamente como al principio, el día de su primer encuentro, como si nada hubiera pasado. Y esta caridad, que olvida y sana, supondrá para el primero de los apóstoles la confirmación de su misión.
Pidamos, pues, a la Virgen María, Madre de la Misericordia, que nos ayude a perdonar siempre, incluso cuando resulte difícil dar el primer paso, y a difundir, con valentía y constancia, la luz serena y sanadora del amor que vence al odio y desarma todo rencor.
S.S. León XIV
Ángelus, 13 de septiembre de 2026
(…) Nosotros también vivimos noches dolorosas y agotadoras. Noches del alma, noches de decepción, noches en las que alguien nos ha herido o traicionado. En esos momentos, la tentación es cerrarnos, protegernos, devolver el golpe. Pero el Señor nos muestra que hay esperanza, que siempre hay otro camino. Que se puede responder con el silencio de la confianza. Y que se puede seguir adelante con dignidad, sin renunciar al amor.
Hoy pedimos la gracia de saber perdonar, incluso cuando no nos sentimos comprendidos, incluso cuando nos sentimos abandonados. Porque es precisamente en esos momentos cuando el amor puede alcanzar su cima. Como nos enseña Jesús, amar significa dejar al otro libre —incluso para traicionar— sin dejar nunca de creer que incluso esa libertad, herida y perdida, puede ser arrancada del engaño de las tinieblas y devuelta a la luz del bien.
Cuando la luz del perdón logra filtrarse entre las grietas más profundas del corazón, comprendemos que nunca es inútil. Aunque el otro no lo acoja, aunque parezca vano, el perdón libera a quien lo ofrece: disuelve el resentimiento, devuelve la paz, nos devuelve a nosotros mismos» (S.S.León XIV- fragmento catequesis -Audiencia, 20 de agosto de 2026)
