
¿Procuro reservar momentos para la visita al Santísimo para adorar, escuchar, permanecer y tratar al Señor o por el contrario me limito a una oración superficial, apresurada por las prisas por las muchas actividades, preocupaciones, pereza?
¿Después de recibir la Comunión, llevo a los demás la alegría del Señor?
En el Evangelio que hemos escuchado se narra la Última Cena, pero sorprendentemente la atención está más puesta en los preparativos que en la cena. Se repite varias veces el verbo «preparar». Los discípulos preguntan, por ejemplo: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» (Mc 14,12). Jesús los envía a prepararla dándoles indicaciones precisas y ellos encuentran «una habitación grande, acondicionada y dispuesta» (v. 15). Los discípulos van a preparar, pero el Señor ya había preparado…




