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Solemnidad de la Natividad del Señor

 
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«El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros»
 (Jn 1,14)
 
La liturgia de hoy nos propone, en el prólogo del Evangelio de San Juan, el significado más profundo de la Navidad de Jesús. Él es la Palabra de Dios que se hizo hombre y que ha puesto su » tienda», su morada entre los hombres. El Evangelista escribe: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). ¡En estas palabras, que nunca dejan de sorprendernos, está todo el cristianismo! ¡Dios se hizo mortal, frágil como nosotros, compartió nuestra condición humana, excepto el pecado, – pero tomó sobre sí los nuestros como si fueran propios – ha entrado en nuestra historia, se volvió plenamente Dios-con-nosotros! El nacimiento de Jesús, entonces, nos muestra que Dios ha querido unirse a todos los hombres y mujeres, a cada uno de nosotros, para comunicarnos su vida y su alegría.
 
Así, Dios es Dios-con-nosotros, Dios que nos ama, Dios que camina con nosotros. Éste es el mensaje de Navidad: el Verbo de se hizo carne.
 
Por lo tanto, la Navidad revela el inmenso amor de Dios por la humanidad…
   
 De ahí deriva también el entusiasmo, la esperanza de nosotros los cristianos, que en nuestra pobreza sabemos que somos amados, visitados, acompañados por Dios; y miramos al mundo y la historia como el lugar donde caminar con Él y entre nosotros, hacia los cielos nuevos y la tierra nueva. Con el nacimiento de Jesús, ha nacido una promesa nueva, ha nacido un mundo nuevo, y también un mundo que siempre puede ser renovado. Dios está siempre presente para suscitar hombres nuevos, para purificar el mundo del pecado que lo envejece, del pecado que lo corrompe. Por cuanto la historia humana y la de cada uno de nosotros pueda estar marcada por las dificultades y debilidades, la fe en la Encarnación nos dice que Dios es solidario con el hombre y su historia. ¡Esta cercanía de Dios al hombre, a cada uno de nosotros es un don que nunca tiene ocaso! ¡Él está con nosotros. Él es Dios-con nosotros! Y esta proximidad nunca tiene ocaso Aquí está la buena noticia de la Navidad: la luz divina que llenó los corazones de la Virgen María y de San José, y guió los pasos de los pastores y los magos, brilla para nosotros hoy.
  
En el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, hay también un aspecto ligado a la libertad humana, la libertad de cada uno de nosotros. De hecho, la Palabra de Dios pone su tienda entre nosotros, pecadores y necesitados de misericordia. Y todos nosotros deberíamos apresurarnos para recibir la gracia que Él nos ofrece. Sin embargo, prosigue el Evangelio de San Juan, «los suyos no lo recibieron» (v. 11). También nosotros, tantas veces lo rechazamos, preferimos permanecer en la cerrazón de nuestros errores y en la angustia de nuestros pecados. ¡Pero Jesús no se da por vencido y nunca deja de ofrecerse a sí mismo y de ofrecer su gracia que nos salva! Jesús es paciente. Jesús sabe esperar. Nos espera siempre. Éste es un mensaje de esperanza, un mensaje de salvación, antiguo y siempre nuevo. Y nosotros estamos llamados a testimoniar con alegría este mensaje del Evangelio de la vida y de la luz, de la esperanza y del amor. ¡Porque el mensaje de Jesús es éste: vida, luz, esperanza, amor! 
Palabras del Papa Francisco antes del rezo del Ángelus
Domingo, 5 de enero de 2014
Fuente: – Radio Vaticano
Publicado en Lectio Divina.

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